A resaltar el mérito de corredores como Iván Fernández y Raquel Llamas, ganadores de la carrera popular de diez kilómetros un día después de haberse impuesto en la Milla Universitaria. Por su parte, el vitoriano Alberto Ibáñez, tras concluir segundo en la distancia de 10 kilómetros, cogió la bicicleta y apoyó con su presencia la evolución de su inseparable Toñín Blanco en el maratón. Ninguno de ellos quiso perderse la carrera, como tampoco lo hizo el bicampeón mundial Abel Antón. El soriano, buen amigo de Martín Fiz, quiso contribuir con su presencia al crecimiento de la prueba. Sin embargo, quedará para la anécdota que tuvo que retirarse en el kilómetro 7 de la distancia popular debido a un inoportuno tirón. Para colmo, el azpeitiarra Xabin Aranaga, que se quedó sin el título nacional de veteranos debido a que su inscripción no se realizó en las oficinas de la federación.
La cita dio lugar a otras situaciones curiosas y coincidencias familiares de parejas, padres, hijos e incluso nietos en el transcurso de la carrera. Al paso de los atletas por Salbatierrabide, un pequeño de ocho años se incorporó a la misma para acompañar de la mano a su abuelo durante 800 metros. A su pesar, fue rescatado por una mano materna. La meta se llenó de aplausos para recibir a los seres queridos. La gesta de correr un maratón lo merecía.





