Mediada su primera temporada en el equipo, Berger estaba hundido . «Lo dejo», espetó a Bernie Ecclestone cuando el mandamás se acercó a interesarse por su abatimiento. «Ni en sueños imaginaba hacer una calificación como esta y he sido un segundo y medio más lento que Senna». La respuesta de Bernie, -«olvídate de él, ocúpate de ganar al resto y diviértete. Es el mejor pero tú puedes ser el siguiente»-, daría origen a la amistad y admiración mutua que con el tiempo uniría a ambos pilotos.
Hoy en día Berger reconoce haber llegado a McLaren obsesionado con batir al carioca y recuerda agradecido las palabras de Ecclestone que le llevaron a reconsiderar su actitud. El austríaco asumió que sus opciones pasaban por aprovechar las debilidades de su colega y decidió afrontar la vida como hasta entonces, divirtiéndose sobre la pista y extendiendo su fama de rompecorazones fuera de ella.
Con el tiempo Ayrton acabaría contagiándose de la simpatía de su compañero, aceptando de buen grado que Gerhard le devolviera su maletín personal lanzándolo desde un helicóptero en vuelo o que sustituyera la fotografía de su pasaporte provocando su retención durante horas en un aeropuerto asiático entre el regocijo del equipo.
El paso de Berger por McLaren supuso un paréntesis en el periplo ferrarista que ocupó la mayor parte de su carrera profesional y, el pasado jueves, con el Bósforo como decorado, tuvo ocasión de recordarlo compartiendo almuerzo con Ron Dennis en la terraza del hotel que acogía a las huestes del británico. Con el futuro de su propia formación en entredicho tras la desaparición de Super Aguri, que da carpetazo al proyecto de los 'equipos cliente', Berger estaría posicionándose ante un futuro incierto.
Ferrari siempre le agradecerá, suministrando motores a su equipo, que convenciera a Jean Todt para fichar por la Scuderia, aunque Berger cultivaba su relación con un Dennis que sopesaba en solitario los riesgos de una estrategia a tres paradas en Istanbul Park. El audaz planteamiento de carrera de las flechas plateadas no ha sido suficiente para detener el rodillo ferrarista pero ha aportado emoción al paseo militar de Massa en tierras de Solimán el Magnífico.
Tras un nefasto arranque del campeonato los fantasmas del fracaso rondaron hace unas semanas a Felipe, que decidido a variar su suerte no dudó en volar a Brasil para recuperar la moral junto a su familia y amigos, los mismos que le han arropado en Estambul.
Emotivo y visceral, el calor de los suyos nos ha devuelto al paulista rearmado para asaltar el título, batalla que le corresponde por la categoría de su montura. Massa se ha rebelado contra un papel de escudero que no soporta y mantiene la estela de Raikkonen, mientras Alonso parece consolidarse al frente del segundo convoy.
Lástima que los compases iniciales del campeonato, disputados por Renault en clara inferioridad mecánica, le hayan condenado a un papel secundario. Habrá que esperar al contraataque en Mónaco dentro de quince días. La maquinaria bélica de Enstone ya trabaja diseñando una estrategia vencedora para la cita más imprevisible de la campaña, un clavo ardiendo al que también se aferran BMW y Red Bull con el permiso de Hamilton y Kovalainen -éste si su mal fario se lo permite-, que parecen haber recuperado las riendas del indomable McLaren.





