
El alavés acababa de llegar al campo base, a 5.300 metros, después de un interminable descenso de 12 horas. Venían del collado situado a 7.850 metros, donde habían pasado la noche en un vivac de circunstancias. «Se ha hecho muy largo, inacabable. Hemos comenzado a perder altura a eso de las siete de la mañana y hemos ido saltando campos, hasta cuatro, antes de llegar aquí abajo. Nos hemos confiado y a mitad del descenso me han empezado a doler lo que me queda de los pies».
Oiarzabal es un hombre afortunado por naturaleza y casualidades de la vida, en el campo base de esta montaña situada en el Himalaya de Nepal, estaban los mismos médicos catalanes con los que coincidió en su odisea de 2004 en el K-2. «La vida nos ha vuelto a juntar. Me han llevado a su tienda, me han quitado las botas y tras examinar las congelaciones han comenzado un tratamiento de emergencia. Aquí estoy, con las extremidades cubiertas de betadine sumergidas en agua templada. Me están hidratando y además me han puesto oxígeno, que es muy importante para estimular la velocidad de circulación de la sangre. En estos momentos estoy cenando. Hemos pasado tres días de ayuno. Mientras como noto unas molestas pulsaciones de las extremidades».
Paga el exceso de confianza en el descenso. «Esto me pasa por prudente», nos decía, aunque eraconsciente de que el frío helador que han tenido que soportar en el vivac ha tenido gran parte de la culpa. «La noche quedó en calma, estrellada y sin viento. La temperatura descendió muy rápida, hasta llegar a los menos 30 grados. Un frío excesivo y traidor, porque no lo notabas. Así estoy».
Busca un helicóptero
Conoce el paño y no se descuida. «Estamos haciendo gestiones para encontrar un helicóptero que nos saque de aquí cuanto antes. Espero conseguirlo pronto y estar mañana por la tarde en Katmandú. Los médicos catalanes me han dicho que no parecen unas congelaciones graves, pero no tengo los pies para bromas».
Mientras tanto el Makalu es un hervidero de alpinistas. Oiarzabal y Rojo coincidieron en el descenso, concretamente en Makalu-Lâ, campo III, a 7.410 metros, con los baracaldeses Roberto Rodrigo e Isabel García, de la expedición Decoexsa, que tienen previsto llegar a la cima el martes. En el campo base, además de los catalanes y unos andaluces, estaban Josu Urtubay y Javier Zaita, de Vitoria y Galdakao, y compañeros de Rodrigo que salen hoy hacia la cima.






