BARCELONA2 - MALLORCA3
Sin nada que jugarse, el público decidió cobrarse cuentas pendientes y dio las notas de fin de curso, pero lo más sintomático es que el día que tenían que despedir al entrenador que le dio la segunda Champions al Barça, los aficionados dimitieron, se quedaron en casa y el Camp Nou ofreció una de las peores entradas del año.
Lo de menos era lo que ocurría en el campo. El Barça, con una alineación de circunstancias, dominó la situación. Destacó Messi, que desbordó siempre a Fernando Navarro, y fue quien capitalizó el juego ofensivo de su equipo.
El argentino inició la jugada del 1-0, conseguido por Henry. Messi firmó uno de sus eslalon clásicos. El balón le cayó al goleador francés que anotó con un tiro cruzado en el minuto 17. El francés estuvo muy activo y se reconcilió en parte con la afición.
El drama lo vivían Deco y Eto'o. Los aficionados entendieron que ambos jugadores forzaron sendas tarjetas amarillas ante el Valencia para no jugar en el Bernabéu, y fueron silbados repetidamente. La situación llegó hasta el punto de que Deco fue sustituido por Bojan en el descanso, el club informó de que el centrocampista tenía problemas en los abductores.
En los minutos finales del primer tiempo, Pinto, que finaliza su vinculación con el Barça dentro de unos días, fue el protagonista con un par de acciones de mérito tras remates de Valero y Nunes.
El 2-0, marcado por Eto'o en el minuto 56, sirvió para que el camerunés se reivindicara y para que el público se enfadará aún más con él, cuando remachó tres o cuatro veces el balón a la red después de haber marcado.
Llegados a este punto, Rijkaard decidió que era el momento de que el público homenajeara a Messi, que fue sustituido por Giovani, y después cambio a Zambrotta por Oleguer, en una sustitución con sabor de despedida.
Y entre homenaje, crispación, pitos y aplausos; el Mallorca tardó tres minutos en igualar el partido. Borja Valero marcó el 2-1 en el minuto 67, tras empalmar un balón suelto en la frontal del área; tres minutos más tarde, Webó igualó en un extraño remate que sorprendió a Pinto (2-2).
Ibagaza tomo el mando y el Barça mostró a partir de entonces la cara dubitativa que ha enseñado toda la temporada. Cuando los pitos arreciaron, Rijkaard salió al área técnica para transformar las críticas en aplausos, aunque al final no pudo impedir que el Camp Nou coreara un 'Laporta, no; Barça, sí' como fin de fiesta.
Pero como no podía acabar de otra manera, a cinco segundos del final, el Mallorca marcó el 2-3. Güiza dejó en evidencia a Abidal y batió a Pinto en el minuto 93. Más pañuelos, más decepción entre los aficionados barcelonistas. Y gritos. Y rabia. Y petición de dimisiones. El peor día de Joan Laporta.





