
La cita no se había podido celebrar el 1 de mayo, fecha en la que inicialmente estaba prevista, a causa de la lluvia. Sin embargo, el tiempo mejoró y aquel sábado, aunque con nubes amenazantes, se llevó a efecto, con los aficionados cubriendo tan sólo un cuarto del aforo de la plaza.
En la crónica publicada en estas mismas páginas se valoraba la primera faena de Juan de Dios. «El primer bicho tiene nervio y geniecillo y no se deja torear a gusto del espada. Una entera tendida, algo trasera, y tres intentos de descabello. Vuelta al ruedo sin excesiva petición por parte del público».
Ya en su segundo toro, el madrileño inició la faena «con tres pases por alto y un recorte, ante el que el bicho dobló las manos. Cuatro derechazos a media altura y el de pecho. Tres naturales rectificando y uno por alto. El novillo, de escasa fuerza, no da facilidades y se queda en la mitad de los muletazos. Dos pinchazos, metesaca, un pinchazo más y media en la yema. Ovación y saludos».
De Cristóbal Santos se valoró su virtud de «volcarse a la hora de matar», a pesar de que «arquea la figura en exceso», se apuntaba en la crítica taurina de El Correo.
Santos recibió su primer toro con «seis verónicas buenas», y completó la faena «volcándose sobre el morrillo del bicho», al que mató «de una estocada caída de efectos rápidos» que a la postrele valió dos orejas y dar la vuelta al ruedo. Ya en el cuarto y último de la tarde, brindó la faena al empresario Ciriaco Azconizaga. «Sufrió un desarme en una tanda de derechazos y en otra tanda de naturales fue achuchado». El astado no contribuyó a la faena voluntariosa del sevillano, «algo suicida», de tal manera que al torear con la derecha resultó «volteado aparatosamente», aunque sin consecuencias, y fue premiado con «vuelta al ruedo».






