
El Ministerio de Fomento no aclara si hay o no peligro para la seguridad, pero un informe de la Demarcación de Carreteras del Estado en Castilla-La Mancha, firmado por el ingeniero jefe Isidro B. Picazo, asegura que los conejos «están minando los terraplenes de las carreteras y de no poner pronto remedio (...) llegará un momento en que peligrará la estabilidad de los terraplenes y posiblemente sea necesario inyectar en las madrigueras».
En principio son sólo los terraplenes, pero Jorge Navarro, secretario general de ASAJA Albacete, cree que el riesgo es mayor. Cuando convirtieron la variante de Albacete en Autovía, la A-30, «fueron unas palas a desmontar los puentes y nada más tocarlo se desmoronó totalmente, de lo hueco que estaba», dice.
Haya o no riesgo para los conductores, los agricultores con parcelas junto a estas vías estiman pérdidas millonarias por la actividad de los animales, que cada noche se despliegan por los campos cercanos y acaban con los brotes recién nacidos de los cereales o con las yemas tiernas de las vides o de los árboles frutales.
Hurones con bozal
Por toda España, los conejos han encontrado un ecosistema ideal bajo las autovías, cuyas franjas de seguridad, valladas, las convierten en un paraíso al que no pueden acceder sus depredadores. Además, el problema no puede afrontarse con la caza, prohibida a menos de 150 metros de vías de comunicación. Se recurre, pues, al 'descaste' mediante hurones con bozal, que hacen salir al conejo de su madriguera, y redes, para capturarlos vivos. Luego se trasladarán a cotos de caza o a espacios naturales y, en ocasiones, se les sacrificará allí mismo.
Pero el procedimiento es lento y muy dependiente de la dedicación de los departamentos implicados. La delegación de Córdoba de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía ha elaborado estudios minuciosos sobre el problema en su demarcación. El conejo, dice, «se distribuye principalmente asociado a estructuras lineales artificiales», con una zona de daños «concentrada principalmente en bandas paralelas de una anchura aproximada de 50-100 metros».
Para atajar el problema, han contratado tres equipos de huroneros, uno de los cuales actúa en las autovías. Pera antes deben pedir permiso a Fomento, el propietario. Los trámites son largos y los agricultores se quejan de que pasa tanto tiempo desde que se detecta el problema que, mientras, pueden llegar a perder toda la cosecha.
José Calzado, de Puente Genil, cree que los huroneros «quitan un poquito de la población de conejo, pero la que queda sigue dañando. Hace falta algún mecanismo que permita indemnizar a los agricultores». Pero los seguros agrarios no cubren los daños, porque para ello sería necesario una declaración de 'plaga', con más de 40 animales por hectárea.
Para el sindicato Asaja, la solución es que Medio Ambiente admita que hay plaga y autorice el uso de cepos. Y que Fomento «cubra los taludes y los terraplenes de las autovías con una malla metálica que impida excavar madrigueras, o que los encemente. Más que indemnizaciones, queremos soluciones definitivas».
El conejo silvestre sirve de presa a predadores en peligro de extinción, como el lince y el águila real. Pero a estos tímidos animales no se les ha ocurrido aún meterse a comer en una autovía. Y el zorro, pese a su fama de astuto, no ha entendido que ese territorio podría ser una auténtica despenda para ellos.









