Siguieron los galos Randy Mandys, cuatro veteranos desastrados y cansados empecinados en una suerte de rock danzón filobritánico. Sobre todo resonaron a Franz Ferdinand, a Pato una canción le recordó a los Editors, y al final los Randy Mandys jugaron al caos controlado, pero de modo menos creíble que el de los grupos que frecuentan el festival Wintercase.
Y cerraron los guipuzcoanos Munlet. Traían vitola de tecno-pop y nos temíamos lo peor pero fue lo mejor. El dúo mixto (chica petarda y simpática, chico orondo a la guitarra con estética paramilitar entre Hitler y Zafón) explotó los 80, cruzó saltarín a Fangoria con Parálisis Permanente (esta fórmula es del asesor Pato), retó a Glamour To Kill y Sigue Sigue Sputnik y superó a proyectos bilbaínos tipo Chico Y Chica, Miss Toll y Hamburguesa Vegetal.













