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Cultura

TOROS
Poderoso Rubén Pinar
13.05.08 -

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Una novillada de muy buena nota. De sangre Juan Pedro Domecq: Montealto. La base es fiable: Algarra-El Ventorrillo. De cada una de esas dos líneas parecieron las dos mitades: primero, tercero y quinto, de pintas mixtas y remate más refinado, se cantaban como algarras. Los otros tres, más caja y más cabeza, eran ventorrillos. Seguramente. El sexto, el de más lindas hechuras dentro del cupo de ventorrillos, rompió con la pana: a borbotones la calidad.
Salió seriamente armada la novillada toda. Así que a la gentil conducta en general se sumó la seriedad de formas, un bello cuajo. No fue novillada de nota en el caballo. Y hasta hubo un cuarto que hizo pelea de manso en varas; o un segundo que derribó de una coz en el vientre del caballo, que no suele verse. Así que se cumplió la tradición de que, en San Isidro, las novilladas de encaste Tamarón-Domecq embisten a chorro libre.
Tendero, el mejor lote
Era el debut en las Ventas de Miguel Tendero, de Albacete. La repetición de un novillero que anda siempre sobrado como Rubén Pinar. Y la despedida del escalafón de José Ramón García, Chechu, cuya alternativa se anuncia en Segovia para dentro de mes y medio. Las cosas de más sólido oficio las hizo Rubén Pinar con el segundo: capaz de verdad ese precoz torero. De Albacete también, de la Tobarra de los tambores. Buen dominio del no sencillo segundo. Le pudo, lo gobernó. Poderoso toreo de mano baja, bien cosido.
Lo más plástico corrió de cuenta del debutante Tendero. Un poco gestero, pero de elegante encaje con el capote y a la verónica. De buena escuela la idea de torear por doblones genuflexos. Muy seguro en el toreo cambiado y en los remates. Sólo el asiento justo para ligar, porque no llegó al tercer muletazo de tanda sin perder pasos. Vertical, o sin encogerse, sin embargo.
Desigual el sentido del temple, tan puesto a prueba en esta ocasión memorable porque tocaron dos novillos extraordinarios. Pereza o renuncio para tomar el descabello. Buen gusto al componer, mano baja, porque hace tiempo que un torero, si se reclama de Albacete, tiene que bajar la mano. Y, en fin, cierto aromita con el tarro abierto del todo. Hará carrera. De novillero.
Rubén se encontró con el coro censor de las Ventas por tomarse demasiadas ventajas con el quinto: torear al hilo o para fuera, rectificar antes de tiempo o a destiempo, descargada la suerte, forzados embroques. Una faena tozuda, empeñosa, a ratos ratonil, a ratos suficiente.
Chechu, que sólo se puso tras muchas pruebas, no se animó con el son del primero, y lo toreó muy despegado, ni le vio el aire al cuarto. Ni se vino abajo tampoco.
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