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La ministra de Vivienda cierra la puerta a las ayudas públicas a los promotores
Beatriz Corredor dice que la crisis de la construcción no debe distraer los limitados recursos públicos

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La ministra de Vivienda cierra la puerta a las ayudas públicas a los promotores
Una nueva urbanización de viviendas en Madrid. / EFE
La semana pasada fue Pedro Solbes y ayer la ministra de Vivienda, Beatriz Corredor, quien lanzó un enorme jarro de agua fría sobre los promotores. El mensaje fue claro y directo: no habrá ayudas del Estado para salvar a las empresas del ladrillo, que atraviesan una profunda desaceleración. Corredor dejó claro que «las soluciones a la construcción no deben distraer los limitados recursos públicos, destinados a facilitar el acceso a un piso digno a las familias con menos recursos». Los empresarios, por su parte, mantienen que lo peor aún está por venir y que su actividad resulta fundamental para la marcha de la economía.
Beatriz Corredor -que hasta hace poco se mostraba incluso dispuesta a negociar con los promotores- siguió al pie de la letra el mensaje del vicepresidente económico en su comparencia del pasado jueves en el Congreso de los Diputados. Nada de ayudas, ni de desgravaciones a la compra de segundas residencias, ni de subvenciones para que las promotoras salven la papeleta. El dinero del Estado no es para eso: «El propósito del Gobierno no es impedir de forma artificial el ajuste del sector», dijo.
La ministra subrayó que junto a los siempre limitados dineros públicos existe otro bien escaso que no se debe derrochar, el propio suelo. «Construir viviendas por encima de las necesidades es un desperdicio de recursos», afirmó. El planteamiento oficial viene a ser que tras el atracón de ladrillos de los últimos años las empresas deberán arreglárselas solas para digerir el empacho. En esa travesía del desierto a la que parecen condenadas algunas compañías -y que ya se está cobrando víctimas en forma de concurso de acreedores- será la selección natural la que designe a los supervivientes. Beatriz Corredor explicó que el reto es que sean «las empresas más competitivas, innovadoras y productivas las que salgan reforzadas» del inevitable y necesario ajuste.
Junto a la meta de dar pisos protegidos a quienes no pueden acceder al mercado libre, la ministra se marcó el objetivo de conducir al sector residencial a un equilibrio que permita diversificar el crecimiento económico del país. Algo que si se logra, dijo Corredor, «optimizará esfuerzos y recursos». «Es decir, estaremos ganando en eficacia», puntualizó.
Para tratar de llevar a buen puerto sus planes, la responsable de Vivienda llamó a la colaboración institucional e invitó a autonomías y ayuntamientos (quienes tienen en sus manos la mayoría de las competencias en la materia) a trazar una «hoja de ruta». Un programa, añadió, que culmine en un gran pacto de Estado. Las reuniones para ese proyecto ya han comenzado.
En este contexto de zozobra, ayer hizo públicos los datos del primer trimestre la cementera Portland Valderrivas, filial de Fomento de Construcciones y Contratas. La compañía, una de las más importantes del mundo, obtuvo un beneficio neto hasta marzo de 28,7 millones de euros, lo que supuso un retroceso del 33% respecto al mismo período del año pasado. Sus responsables admitieron que ya lo esperaban debido a la coyuntura.
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