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La retirada de San Gil convulsiona al PP y acrecienta la presión sobre Rajoy

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La retirada de San Gil convulsiona al PP y acrecienta la presión sobre Rajoy
OTROS TIEMPOS. San Gil y Rajoy aplauden sonrientes en un mitin para las generales del 9 de marzo. / EFE
La decisión de María San Gil de abandonar la redacción de la ponencia política para el próximo congreso del PP desató la mayor conmoción interna de los últimos años. La retirada de la presidenta de los populares vascos supone un salto cualitativo en la crisis que vive el partido, ya que representa un ataque frontal a uno de los ejes estratégicos de la organización, la revisión de las relaciones con los nacionalistas. El portazo de San Gil contó con partidarios y detractores. Mariano Rajoy, sin embargo, guardó silencio y encargó a sus colaboradores la búsqueda de una solución.
La sede popular de la madrileña calle Génova se convirtió ayer en un hervidero. La preocupación era patente, porque el desmarque de María San Gil de la ponencia por «diferencias de criterio fundamentales» afecta, en palabras de un dirigente, a «las esencias» de la ideología del partido. No obedece a un desafecto por haber sido relegada o al desacuerdo con la estrategia precongresual de Rajoy, que es como se han interpretado las renuncias de Eduardo Zaplana y Ángel Acebes o las críticas de Esperanza Aguirre y otros 'notables'. Aquí se trata de definir el marco futuro de las relaciones con los nacionalistas.
Rajoy es consciente de que para gobernar son necesarios los acuerdos con CiU y PNV. En sintonía con esta tesis, el líder del PP canario, José Manuel Soria, y la gerundense Alicia Sánchez Camacho propusieron que la ponencia abogara por un acercamiento a las fuerzas nacionalistas para eliminar la imagen de partido hostil. Esta intransigencia se ha traducido además en unos malos resultados electorales en Cataluña y Euskadi, y Rajoy y sus colaboradores creen que es imprescindible revertir esta situación para apuntalar las posibilidades de una victoria futura. San Gil, en cambio, se opuso a trasladar esa referencia a la ponencia política y defendió la continuidad de la actual estrategia de beligerancia.
Primer amago
Esta misma controversia se suscitó a finales de abril, cuando un diario de Madrid publicó una versión de la ponencia con las tesis de Soria. Ya entonces, la líder del PP vasco puso el grito en el cielo y amenazó con abandonar los trabajos precongresuales. Rajoy no desmintió al dirigente canario, que gobierna en el archipiélago con los nacionalistas insulares, y guardó silencio, pero colaboradores suyos se apresuraron a garantizar que no iba a haber «un cambio de estrategia».
El líder popular juega por ahora a la prudencia. Conversó el jueves con María San Gil para aplacar sus recelos, aunque, a la vista del resultado, no lo logró. La presidenta del PP vasco se quejó de la ausencia de interlocutores de peso para despachar consultas acerca de la ponencia y, sobre todo, transmitió su rechazo a un cambio de línea.
La gota que colmó el vaso cayó el pasado domingo. En pleno intercambio de papeles para ultimar el documento, que debía estar concluido para la medianoche de ayer, Soria hizo unas declaraciones a la agencia Europa Press en las que no aclaraba si la modulación del discurso frente al nacionalismo se plasmaría o no en la ponencia, y apuntaba que la decisión quedaría en manos de cada organización territorial. En ese momento decidió romper la baraja María San Gil, que ya estaba escamada por otras manifestaciones y actitudes procedentes de algunos de los dirigentes más próximos a Rajoy, como es el caso de la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría.
La presidenta de los populares vascos sospecha que, diga lo que diga la ponencia, en la práctica acabará administrándose en el sentido que plantea Rajoy y que ella rechaza. Por eso no se avino a la solución de compromiso planteada a última hora: incorporar al texto tanto los planteamientos de Soria y Sánchez Camacho, como los suyos. De nada sirvió la llamada del líder del partido a San Gil, ni las conversaciones de ésta con los otros dos ponentes o el trabajo de los colaboradores de Rajoy para intentar recomponer la situación. La presidenta del PP vasco se mantuvo firme en no rubricar la ponencia. Ayer a última hora de la tarde, Génova tiró la toalla y convocó a la Prensa para la presentación, hoy, de la ponencia política. Eso sí, sólo estarán Soria y Sánchez Camacho.
Elogios
Durante la jornada de ayer, María San Gil concitó un respaldo mayoritario en las filas populares, y no sólo de Euskadi. El todavía secretario general, Ángel Acebes, dijo de ella que «es lo mejor del PP y lo mejor de la política». La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, señaló que es «una referencia moral» dentro del partido e invitó a «quien tiene la máxima responsabilidad política» dentro del PP -un recado a Rajoy sin citarlo- a «reflexionar» sobre la decisión de la dirigente donostiarra.
El secretario de Libertades Públicas, Ignacio Astarloa, se sumó al coro y, tras mostrar su «total y completo apoyo» a la líder de los populares vascos, sostuvo que es «el máximo exponente en el PP y probablemente en España de la lucha por la unidad, la libertad y la democracia». La concejal Ana Botella fue rotunda: «Yo estoy con María San Gil». La esposa de Aznar consideró que si ésta, «un referente moral, político y afectivo del PP», deja la ponencia es porque «no se estarán garantizando los principios del partido» en ese documento. El portavoz de Asuntos Exteriores, Gustavo de Arístegui, hasta se mostró dispuesto a firmar una enmienda a la totalidad de la ponencia política si no se recogen los planteamientos de San Gil.
Ningún dirigente nacional censuró a la presidenta de los populares vascos, y a lo más que se atrevieron los discrepantes con su decisión -todos del círculo próximo a Rajoy- fue a nadar y guardar la ropa. Así, el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, indicó que el que María San Gil no comparta la línea de la ponencia, no significa que vaya a dejar de «aportar» sus criterios «por vía de enmiendas, discursos o reflexiones».
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