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Cultura

TOROS
Triunfa Diego Urdiales
14.05.08 -

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Triunfa Diego Urdiales
Urdiales pasea la oreja. / EFE
Mole inmensa de 650 kilos, casi seis años cumplidos, el cuarto toro de Carmen Segovia fue la sorpresa de la corrida. Inmensa. Parecía el toro de la carretera. Dentro del disparate de dimensiones, fue toro no falto de armonía. Y, al cabo, dócil, pacífico y noble. 'Dormidito' se llamaba el toro, que tuvo en tablas resistidísima muerte. Martes y trece pero no tanto, porque vino el cielo a ver a Diego Urdiales.
Era, sin estar anunciado, el debut en San Isidro del torero de Arnedo. Al cabo de casi diez años de alternativa y más de quince en el oficio. Arrinconado durante un tiempo, casi como un torero maldito, pero vocacional. A esta corrida vino a auparse como sustituto de Serafín Marín. Se entregó con firmeza insuperable delante del macrotoro. Le encontró el aire, el sitio, la distancia y la manera. Lo acarició como si fuera de peluche el monstruo y no llegó a tenerlo en los brazos, porque para tanto no daba, pero sí en la mano, que es donde hay que tener los toros. La tal tenencia fue, como corresponde a los fastos mayores de Las Ventas, a plaza volcada y sin frenos. Coros de palmas cuando Diego le ganaba al gigante de la camada el pitón contrario al pasito paso. Cruzado y posado, sacó entonces airoso los brazos para rematar por abajo hasta donde dieron engaño y toro. Embalado el ambiente, tocó la pedrada en el ojo, que fue una soberbia estocada por el hoyo de las agujas. Una oreja y, si no levanta el puntillero al toro dos veces, puede que hasta las dos.
Dos podrían haber caído si Diego no llega a agarrotarse un poco con el primero, que fue, de los tres toros buenos de Carmen Segovia, el de mejor estilo, galope y fondo. Dócil como su hermano mayor, pero de brava condición. Noble también. Duró lo que ningún otro. Encajado Diego, pulcro y caligráfico, pero sin terminar de adivinar lo que el toro llevaba dentro. Lo sorprendió un aviso antes de cambiar siquiera de espada. La faena se había vivido con cierto jaleo, porque las dos últimas tandas, aunque tardías, fueron las mejor logradas. Y, luego, no entró la espada hasta el cuarto intento y estuvo a punto de sonar hasta un segundo aviso. Un quite por delantales al sexto de corrida, dos lances y la media de remate, de excelente aire, fue el sello final de esta tarde tan feliz. Casi redonda. Volverá Diego. Seguro.
Variada, diversa abierta, seria toda, la corrida de Carmen Segovia (procedencia Torrestrella bien visible) trajo dos toros envenenados y los dos se fueron juntos al lote de Fernando Cruz. Hizo el gasto Fernando, no se escondió, se puso en zona de peligro. No estuvo la gente con él. Buena la estocada con que tiró al quinto. al revés qaue en su primer turno.
El primero de los dos toros de El Capea se enteró enseguida. No se arrugó el torero. Tampoco y menos con el sexto, que entró en el cupo de gigantes. 620 kilos. Pero descolgó y se estiró. El Capea optó por las rayas y la corta distancia, y ahí navegó con seguridad y firmeza. Sin perder los nervios. A pesar de que el mar de fondo no invitaba. Una excelente estocada. Mucha entereza.
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