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DESPUÉS DEL 'NARGIS'
Los birmanos temen que el monzón agrave la tragedia
Los meteorólogos alertan de fuertes tormentas para los próximos días
15.05.08 - 03:52 -

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Los birmanos temen que el monzón agrave la tragedia
SIN MEDIOS. Un hombre construye una choza con maderos y hojas de palmeras cerca de Rangún. / REUTERS
Lo peor aún no ha pasado para Birmania tras el ciclón 'Nargis', que, según el último recuento oficial del Gobierno, se ha cobrado 34.273 muertos, 27.836 desaparecidos y 1.403 heridos. Sin embargo, Naciones Unidas sospecha que podría haber entre 63.000 y 102.000 muertos, más de 220.000 desaparecidos y entre 1,5 y 2 millones de personas sin hogar que se enfrentan a la propagación de epidemias.
Para éstas últimas, la catástrofe comienza ahora, ya que las previsiones meteorológicas han alertado de fuertes tormentas durante estos días. «Con la estación del monzón acercándose, se harán más frecuentes las lluvias intensas», advirtió la Organización Mundial de Meteorología, que, sin embargo, descartó un nuevo ciclón tropical.
Aunque no se repita un fenómeno como el 'Nargis', el agua y el viento agravarán la delicada situación de los damnificados, quienes han perdido sus hogares y permanecen a la intemperie resguardándose en precarias chozas levantadas con palos y hojas de árboles. Por ese motivo, Cruz Roja se lamentó ayer de que «las lluvias representan el peor escenario imaginable por el riesgo de inundaciones y porque obligarán a las víctimas a buscar refugio en otros lugares, lo que complicará el reparto de ayuda humanitaria».
Sin desagües
Durante los últimos días, las cortas pero intensas precipitaciones registradas en Rangún han anegado las calles debido a sus deficientes sistemas de desagüe. Si este caos ocurre en la principal ciudad del país, con 6,5 millones de habitantes, resulta fácil imaginarse el enorme riesgo que corren los damnificados, quienes pernoctan en las zonas rurales al aire libre.
Mientras los supervivientes del 'Nargis' miran al cielo preguntándose si volverá a traerles un ciclón, de vez en cuando descubren sorprendidos algún avión con ayuda humanitaria, como el C-130 de los Marines de Estados Unidos que ayer aterrizó en Rangún. Pero estos envíos no suceden con tanta frecuencia como desearían los damnificados. Ante la pasividad de la Junta Militar que gobierna Birmania, que bloquea la entrada de cooperantes internacionales para que no alteren su régimen dictatorial, la ONU ha perdido la paciencia y se muestra desesperada. Así lo reflejan las inusualmente duras palabras de su secretario general, Ban Ki-Moon, quien ha confesado su «inmensa frustración por la inaceptablemente lenta» respuesta del régimen dirigido con puño de hierro por el general Than Shwe.
Aunque el Gobierno birmano acepta los alimentos, medicinas y equipos procedentes del extranjero, retrasa los visados de los equipos de asistencia, ya que prefiere repartir por su cuenta la ayuda recibida. Una idea que, dada la corrupción reinante en esta paupérrima y aislada nación del sudeste asiático, no hace ninguna gracia a la comunidad internacional. De hecho, algunas ONG ya han denunciado que el Ejército confisca los envíos que vienen del extranjero, vendiendo luego en el mercado negro las tiendas de campaña y mantas recibidas o cambiando los alimentos de alto valor energético por partidas de arroz de tan mala calidad que, en ocasiones, llega a estar hasta podrido.
Con las zonas más remotas del sur de Birmania aún aisladas y sin haber recibido ninguna ayuda humanitaria, algunos países hasta se han planteado la posibilidad de lanzar agua y alimentos sin esperar al permiso de la Junta Militar. Un extremo que intenta evitar la ONU, que reunió ayer a los principales estados donantes y la Unión Europea, que ha enviado a uno de sus responsables para convencer a las autoridades de la necesidad de abrir un corredor humanitario que pueda salvar a los afectados por el ciclón.
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