A grandes males, grandes remedios. Es la máxima que parece dirigir las medidas que toma el Gobierno chino para paliar los daños causados por el terremoto de fuerza 7,9 que el lunes devastó la provincia de Sichuán. Los mandatarios de Pekín decidieron ayer incrementar sustancialmente el número de militares desplegados en la zona afectada. Hasta 100.000, entre soldados y policías, están de camino o trabajan ya con sus manos, picos, palas o maquinaria pesada allá hasta donde ha sido posible desplazarla.
En los lugares de acceso más complicado, en torno al epicentro, varios helicópteros se encargaron ayer por la tarde de lanzar 9,1 toneladas de materiales de ayuda y dos centenares de paracaidistas, que han dado comienzo a las labores de socorro, una medida que ya se había planteado el martes y que la meteorología adversa se encargó de desestimar. Como reconocía un oficial desplegado en la ciudad de Duyiangyan, las funciones de estos soldados de élite «son muy limitadas y se concentran en rescatar a los supervivientes de más fácil acceso y en abrir el camino para equipos más numerosos». Afortunadamente, la naturaleza parece dar un respiro, y ayer habían cesado las fuertes lluvias que han complicado los trabajos de rescate en los dos primeros días.
Mientras tanto, el número de fallecidos sigue su inexorable crecimiento. Anoche, las últimas cifras oficiales rondaban los 15.000, un número que se sobrepasará rápidamente debido a que todavía quedan unas 18.000 personas sepultadas con vida hasta las que es casi imposible acceder. De hecho, las autoridades ya dan por muertas a 7.700 personas de Wenchuan, epicentro del seísmo. Por otra parte, en el pueblo de Yinxiu, de 11.000 habitantes, sólo quedan con vida 2.300, y 1.000 de ellos están gravemente heridos. Según He Biao, subsecretario general del Gobierno de la Prefectura de Aba, al oeste de la provincia de Sichuán, la vida de ese millar corre peligro porque, aunque ayer fueron lanzados desde helicópteros 'kits' con comida, agua y medicamentos, todavía no han recibido el tratamiento facultativo necesario, ya que no ha llegado personal sanitario y la evacuación es muy complicada. A pesar de todo, 45 de los heridos más graves fueron ayer trasladados por vía aérea a hospitales de Chengdu. En total, ya son 26.000 las víctimas hospitalizadas.
«Dadas las circunstancias, es más fácil desplazar personal que equipos pesados, por eso hemos pedido refuerzos y el Ejército se ha volcado en las tareas de rescate», declaraba ayer Wang Yi, oficial de la Policía Armada, a la agencia de noticias oficial Xinhua. No es la primera vez que el Ejército Popular de Liberación (EPL) juega un papel fundamental en las tareas de rescate tras catástrofes naturales.
Las imágenes de soldados colocando sacos terreros para evitar inundaciones son clásicas, y ahora que el Gobierno se ha embarcado en una campaña mediática para lograr la simpatía tanto del mundo como de sus propios ciudadanos, el papel que juegan los 2,3 millones de soldados chinos, que forman el mayor Ejército del mundo, es primordial. Según Pekín, en el último lustro el EPL ha enviado 340.000 militares en unas 3.000 misiones de rescate que permitieron salvar la vida a 3,4 millones de compatriotas. Y eso sin contar el millón de efectivos de la Policía Armada que se empleó a fondo durante las nevadas que dejaron colapsado el país el pasado enero.
Héroe nacional
El héroe nacional de esta tragedia no viste uniforme. Su nombre es Zhu Fumin, y sólo tiene 15 años. Pero su actuación durante el terremoto, mientras recibía clase en uno de los centros que se colapsaron, ha salvado 33 vidas. «Cuando comenzó el temblor, Zhu nos ordenó que nos resguardáramos bajo las mesas, y que no corriéramos», recuerda Dai Yingying, uno de sus compañeros. Luego, el adolescente logró abrir un agujero por el que consiguió salir la mitad de la clase. Nueve estudiantes perecieron.
En el centro escolar que se desplomó en Beichuan, sin embargo, no han tenido tanta suerte. Ayer, varias máquinas consiguieron levantar el grueso de la estructura, y los equipos de rescate se adentraron entre los escombros en busca de supervivientes, pero hasta el momento no parece haberse encontrado ninguno. En la escuela, mil estudiantes quedaron atrapados el lunes, y ayer unos 2.000 progenitores esperaban con ansiedad noticias en los alrededores de lo que queda del centro.
El primer ministro, Wen Jiabao, seguía ayer a la cabeza de los esfuerzos de rescate. A mediodía se desplazó hasta la escuela de Beichuan para dar ánimo a los familiares de las víctimas y para aleccionar a sus soldados: «Si hay alguna luz de esperanza hagan todo lo posible en las labores de rescate».