«No me voy a resignar como lehendakari a buscar salidas». Juan José Ibarretxe vinculó ayer, horas después del asesinato del guardia civil Juan Manuel Piñuel en Legutiano, la necesidad de acabar con la violencia etarra y de pactos políticos que canalicen las demandas nacionalistas en torno al derecho de autodeterminación. A las diez de la mañana, el jefe del Ejecutivo de Vitoria compareció en la sede de la Lehendakaritza para dar lectura a una declaración institucional de condena del atentado mortal de ETA contra la casa cuartel de la localidad alavesa, a donde no se desplazó, aunque sí lo hizo, por ejemplo, el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba desde Madrid.
Un texto que, más allá del repudio a los terroristas y la solidaridad con la familia del agente asesinado, hace un llamamiento también a «trabajar para buscar soluciones, para acabar con la violencia, para alcanzar la paz, para alcanzar acuerdos políticos para decidir nuestro futuro».
En puertas de su reunión del próximo martes con José Luis Rodríguez Zapatero -en la que se constatará el frontal rechazo del Gobierno central a su 'hoja de ruta'- y mientras su equipo va dando forma al envoltorio jurídico con el que intentará arropar la consulta, Ibarretxe no perdió ayer la ocasión de insistir de nuevo en sus argumentos más recurrentes. Dijo que la sociedad vasca está «asqueada, cansada y hasta el gorro» de la banda terrorista y, al mismo tiempo, deseosa de que se le dé «lo que es suyo», en velada alusión al plebiscito que defiende y al diálogo sobre la modificación del estatus de Euskadi. «Lo que nos reclama, a quienes podemos dárselo, es la paz, la palabra, la ausencia de violencia, es diálogo, es acuerdos».
Según Ibarretxe -que hoy asistirá al funeral de Piñuel en la catedral nueva de Vitoria y, posteriormente, participará en la concentración de repulsa convocada en la sede gubernamental de Lakua-, a pesar de la «enorme tristeza» que provoca cada atentado, le corresponde a él como lehendakari trasladar a la sociedad «un mensaje de esperanza». «Estamos realmente tristes, pero estamos en pie. No podemos caer en el desánimo», exhortó, al tiempo que denunció el «daño moral irreparable» que provoca ETA al extender con sus acciones terroristas «la sensación» de que no hay modo de salir del «agujero negro» de la violencia. Y, una vez más, apostilló: «De que no podemos encontrar soluciones para avanzar en la definición de nuestro futuro».
A sus 51 años, dijo, está «harto» de vivir «amaneceres tristes» como el de ayer y «quiero que se acaben». A renglón seguido, se mostró igualmente convencido de que los vascos demandan de los responsables políticos e institucionales que terminen con la «dificultad» para llegar a acuerdos y se decidan a «arriesgar».
«¡Qué heroicidad!»
Ibarretxe comenzó su alocución, de casi tres folios, con encendidos reproches a ETA por el «daño» que hace no sólo a sus víctimas sino también a la «imagen» del «pueblo vasco». «¡No digas, ETA, que es por la patria! ¡Qué heroicidad, atentar contra una casa cuartel en la que viven unos guardias civiles sencillos con sus hijos e hijas!», exclamó, antes de exigir a la banda que no «manche» más el nombre de Euskadi ni lo utilice «como excusa».
De hecho, otra de las ideas centrales de su discurso giró en torno al perjuicio que ETA provoca a las aspiraciones «legítimas» de los nacionalistas, o, en palabras de Ibarretxe, «a quienes queremos profundizar a través del diálogo, la palabra y la política en nuestra identidad como pueblo». El presidente vasco expresó sin rodeos que la banda es el «principal obstáculo» para que Euskadi «haga su camino» y reivindique los derechos que, según dijo, le asisten como «uno de los pueblos más antiguos del mundo».
El lehendakari, que visitó por la tarde a los agentes heridos en los hospitales vitorianos de Txagorritxu y Santiago y después acudió por espacio de media hora a acompañar a la familia de Piñuel en la capilla ardiente con el presidente del PNV, Iñigo Urkullu, y cargos institucionales de su partido, mantuvo sin embargo su agenda prevista para después. Presidió la entrega de los premios de Justicia Manuel de Irujo aunque, eso sí, decidió suspender el cóctel posterior y guardar un minuto de silencio. No modificó la alusión que tenía pensada hacer, en un acto con juristas, al magistrado José María Lidón, asesinado también a manos de ETA en 2001 y subrayó que ambos crímenes son igual de «injustos, inútiles y cobardes».
Las palabras de Ibarretxe encontraron réplica en el secretario general del PSE y candidato socialista a lehendakari, Patxi López, que le emplazó a aparcar «proyectos particulares» para concentrar todos los esfuerzos en el combate unitario contra ETA. Según dijo, la «prioridad» debe ser «acabar» con ETA y estimular la movilización social para «aislar a los terroristas y sus cómplices».
Convencido de que la condena unánime del atentado debe tener su continuidad a través del impulso de medidas unitarias para deslegitimar el terrorismo, López subrayó que lo que la ciudadanía verdaderamente reclama de Ibarretxe es «liderazgo institucional, grandeza democrática y visión de país».