El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, impuso ayer la Medalla de Oro al Mérito de la Guardia Civil a título póstumo al agente asesinado por ETA Juan Manuel Piñuel. El máximo responsable del Ejecutivo colocó la distinción a media tarde sobre el féretro, envuelto con la bandera española y coronado por un tricornio, en la capilla ardiente habilitada en la Subdelegación del Gobierno en la capital alavesa. Estaba escoltado por seis agentes de la Policía Nacional, Guardia Civil, Ertzaintza y Policía local.
Testigo de excepción del emotivo momento fue la viuda del agente asesinado, María Victoria Campos, llegada momentos antes desde la capital malagueña, donde reside. Le acompañaban una de sus hermanas y dos cuñadas, así como sus respectivos cónyuges. Por deseo expreso de la familia, la capilla ardiente tuvo un carácter íntimo durante las primeras horas de la tarde -sin presencia de medios informativos-. Luego pudieron rendir tributo a la última víctima de ETA los representantes de las instituciones y de la clase política.
Además de Zapatero -acompañado por el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, altos cargos de su departamento y el presidente del Senado, Javier Rojo-, por la capilla ardiente pasaron el lehendakari Juan José Ibarretxe y el líder del PP, Mariano Rajoy.
El presidente del Gobierno coincidió en el velatorio durante casi un cuarto de hora con Ibarretxe, pero no así con el líder de la oposición. Zapatero saludó al lehendakari y a su consejero de Interior, Javier Balza, sin entablar apenas conversación. «El presidente ha dedicado el 95% de su tiempo a la viuda y a la familia», explicaron asistentes al acto.
Mariano Rajoy no coincidió con ninguno de ellos. De hecho, llegó al velatorio cuando Ibarretxe salía, y decidió esperar a unos pocos metros a que el lehendakari montara en su coche antes de entrar en la capilla ardiente. La comitiva del líder popular, al que acompañaban numerosos dirigentes de su partido, como María San Gil, Soraya Sáenz de Santamaría y Alfonso Alonso, sí saludó al presidente del PNV, Iñigo Urkullu, al líder alavés del partido, Iñaki Gerenabarrena, y a la máxima responsable del Parlamento vasco, Izaskun Bilbao. Ni Zapatero ni Rajoy hicieron declaraciones.
Por la capilla ardiente pasaron también el diputado general de Álava, Xabier Agirre, y una nutrida representación del PSE, encabezada por Patxi López, además del alcalde de Vitoria, Patxi Lazcoz -acompañado por concejales de todos los grupos municipales-, el Ararteko, Iñigo Lamarca, y mandos militares y de la Guardia Civil. Sandra Carrasco, la hija del ex edil Isaías Carrasco, asesinado por ETA el 7 de marzo en Mondragón, acudió a dar el pésame a la familia del agente.
Visitas a los heridos
Pese al vendaval interno desatado por su desmarque de la ponencia política del partido, María San Gil había acudido a recibir a Rajoy al aeropuerto, y entraron juntos en la capilla ardiente. Luego protagonizaron un paseo de quinientos metros para acercarse al hospital de Santiago e interesarse por los dos heridos en el atentado allí ingresados. También Zapatero e Ibarretxe visitaron a las víctimas internadas en este centro y el de Txagorritxu.
El funeral tendrá lugar a las 10.30 horas de hoy en la catedral nueva de Vitoria. La ceremonia contará con la presencia de los Príncipes de Asturias, la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y los ministros de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y Defensa, Carmen Chacón, además del lehendakari.
Por su parte, Eudel, la Federación Española de Municipios y Provincias y diferentes instituciones han convocado a mediodía de hoy concentraciones de repulsa en centenares de ayuntamientos. En Euskadi y Navarra, tendrán lugar en todos los consistorios. También asociaciones como Gesto por la Paz, el Foro Ermua y la AVT celebrarán actos de condena en distintas ciudades.