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Cultura

TOROS
Raelillo, ingrato trato
17.05.08 -

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El toro que abrió hizo intento de saltar dos veces, lamió las tablas desesperadamente y vino a resultar el más complicado de la corrida del Marqués. Pareció asentarse en banderillas y tomó sin más los cuatro muletazos con que en tablas y por alto midió la cosa Rafaelillo. Pero al primer cite franco mandó el primer recado y apretó con un calambrazo. Sólo en un segundo intento, con Rafaelillo en el tercio y puesto con la zurda, un segundo recado encendió la alarma. De un testarazo feroz desarmó al torero murciano. Tardo, probón y rebrincado, ya no dejó de protestar con genio.
En una segunda invitación por la mano izquierda, se metió y quedó debajo, y entonces hizo presa. Por los machos prendió a Rafaelillo. A la altura de la corva le atravesó la taleguilla. Un punto filipino. Desarrolló sentido, se defendió con violencia. Mercancía peligrosa. Rafaelillo lo macheteó con autoridad. Y bonito juego de pies para esgrimir a toro tan artero y malévolo. Una estocada trasera soltando el engaño. Tres descabellos. Salió a saludar el torero.
No estaba con él el ambiente como en previas bazas. Tal vez por haber renunciado a torear Rafaelillo la corrida de Dolores Aguirre, que fue su cumbre de hace sólo un año en San Isidro. O por más razones. La primera, que, un día después, pesaba el eco de la faena de El Cid al gran toro Portillero de El Pilar. La segunda, que, voluble por naturaleza, el público fijo de Madrid parece haber jurado compromiso excluyente con los tres toreros casi anónimos que han venido a destaparse este mayo en las Ventas: Morenito de Aranda, Joselillo y Diego Urdiales. El giro de la veleta se ha cobrado una primera víctima: Rafaelillo, que fue el año pasado esos tres toreros juntos en uno mismo: él. Sólo él.
Durante su brega con el nada sencillo cuarto del Marqués, una faena de ritmo algo roto, pero denodada, estimable y de torero seguro, Rafaelillo tuvo que escuchar uno de esos gritos aislados que en Madrid son como una condena: «¡Que no!». No es que maltrataran al ídolo de sólo anteayer. Pero el reconocimiento fue rácano.
Tras cata breve en tablas, Rafaelillo se fue a la distancia para traerse toro, y lo aguantó sin esconderse hasta en dos ocasiones. En corto resultó más tratable, pero se rebotaba. Le bajó la mano Rafaelillo, templado y dueño del toro de mitad de faena en adelante. Pero ya sintió que le escarbaba la gente. Una buena estocada. Silencio.
La corrida del Marqués dio dos toros manejables y nobles: el segundo y el tercero. El tercero fue de espléndidas hechuras, pero se le apagó el fluido pronto. Lo trató con brusquedad Javier Valverde. Lo que fuera, pero toro al limbo. El segundo duró poco. Se escondió Iván Vicente. No era la tarde de Iván, visiblemente desconfiado con un sobrero de El Jaral de la Mira. Se le fueron los pies al torero de Colmenar en las tres primeras bazas y no hubo más que ver.
El sexto del Marqués salió corretón, escarbó y se resolvió a su aire y por su cuenta. Pegó muchos cabezazos, se revolvió mucho y por sistema. Y en un lance de sorpresa, prendió a Javier Valverde por la rodilla, lo volteó, lo buscó por el suelo dos veces y lo revolcó. Pero salió ileso el torero de Salamanca. Entero, y sereno, para pegarle cinco o seis muletazos, cuadrarlo y matarlo a la primera. Con mal contenida emoción.
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