Una pena. Una bala perdida. Una ocasión no aprovechada aunque durante mucho tiempo, más de media hora, la ilusión se impusiera a la lógica. El estreno del iurbentia en la lucha por el título no se saldó como esperaban sus ruidosos aficionados desplazados a Barcelona. El club más laureado de la ACB hizo de su factor cancha favorable un vale que no dudó en canjear. Ya se verá si necesita arrancar otro del taco en esta misma serie. Es el Palau un reducto ante el que el Bilbao Basket se queda sin argumentos. Los tiene, seguro, pero llega un momento en el que parece que desordena los folios y no acaba de recuperar el hilo conductor del argumento en el examen.
Tres cuartos y pico. Como todo se puede medir, esa fue la prolongación en la noche barcelonesa de las ínfulas vizcaínas. En un partido trabado, llevado concienzudamente por ambos conjuntos al fango de la defensa, el Barça sacó mayor beneficio de su apuesta por la dureza. O le dejaron, o el iurbentia no pudo contrarrestar los mandoblazos que fue recibiendo. Eso es cosa del 'scouting' del repaso al vídeo que ya estará ocupando las horas de Txus Vidorreta y sus asistentes. ¿Qué pasó en el descanso? O para ser más precisos, se busca la explicación a lo que vino después.
Durante tres cuartos y pico -todo es susceptible de ser medido-, los argumentos de los hombres de negro resultaron convincentes. Loable la entrega de Weis con las piernas de trapo. Cada uno se afanaba con su papel. Lástima que no todos tuvieron su día y cambiaron las grandes letras del cartel por cameos esporádicos. Le tiene, por ejemplo, el Barça tomada la medida a Luke Recker. Es algo en lo que se ha afanado Xavi Pascual y, vistos los dos últimos partidos, algo de razón puede que lleve. Claro que en un equipo con mayúsculas, como el vizcaíno, nunca ha faltado quien diera un paso al frente para coger la enseña cuando el abanderado era alcanzado por la defensa enemiga. Ayer hubo amagos, pero la tela había caído un tanto lejos.
Rigor y autoridad
No pasó en el Palau nada que no se pudiera esperar. Pero escuece no haber llevado más al límite el desenlace del choque. Porque los de La Casilla lo gestionaron con rigor, autoridad y recursos hasta el acto final. Y a la hora de desvelar quién era el asesino se percataron de que se habían confundido con las pistas. O no, y simplemente sucedió que el pez grande, como exige la fábula, se cenó al chico.
Tras un tormentoso inicio (12-5), el iurbentia digirió bien el envenenado aperitivo preparado por los culés. No repitió de los platos que no le gustaron y dirigió su atención hacia la cocina, de donde llegaban aromas que animaban la actividad de sus jugos gástricos. La defensa, asignatura que ha zanjado con un merecido 'cum laude' en el curso académico, fue la catapulta para adentrarse en el laberinto de pasillos del Palau. No necesitaba el GPS para guiarse. Bastaba con su instinto. Con soluciones más o menos acertadas, hizo que el Barcelona se percatara de que no tenía por qué ser el rey del fiesta, aunque fuera en su palacio. Con 20-25 mediado el segundo cuarto se consumaba un parcial de 8-20 que dio origen a una carrera contra el reloj en la que los dos únicos participantes calcaban sus cronos. Tanto que se sucedieron hasta 45 alteraciones en el marcador que nunca reflejaron distancias superiores a los seis puntos. Así estaban las cosas, tan predispuestas a que sonara la sirena de la sorpresa, como la víspera había chirriado en los oídos de los seguidores del Real Madrid. Más de media hora de ilusión. Eso es mucho para tratarse de una visita a la Can Barça baloncestística.
Pero llegaron las barricadas y Huertas y Salgado a duras penas las superaron. Como líderes, fueron objeto de la saña blaugrana y causó efecto tal filosofía destructiva. Sin penetraciones y con extremas dificultades para conectar con el juego interior y con Paco Vázquez y Savovic supliendo la sequía estadística de Recker y Lewis, los de La Casilla entregaron la cuchara y se pusieron a pensar en los últimos estertores del pulso en la siguiente cita que deben solventar para regresar el martes a Barcelona y jugarse el todo o nada a la ruleta. Ayer perdió una mano en la mesa de póquer, pero en sus bolsillos aún suenan las fichas. Apilará los montones mañana (19.15 horas) en el pabellón bilbaíno y no se andará con rodeos. Responderá a todas las manos. No puede hacer otra cosa.