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Indiana gusta pero no apasiona
La cuarta entrega de la saga ofrece un gran espectáculo al situar al doctor Jones en la selva de Perú, aunque deja la sensación de 'ya visto'

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Indiana gusta pero no apasiona
TRES GRANDES. Ford, Spielberg y Lucas, juntos en Cannes tras el estreno de las nuevas aventuras de Indiana Jones. / AFP
El primer gran desembarco de Hollywood en las playas de la Costa Azul se produjo ayer con la presentación mundial fuera de concurso de 'Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal', tardía cuarta entrega de la saga. La película, que llegará el próximo jueves a los cines de España, gustará sobre todo a sus fans, pero no tiene pinta de que vaya a apasionar al resto del público.
El protagonista, Harrison Ford -un Indy bien conservado a punto de cumplir 66 años-, estuvo acompañado en este acontecimiento por dos de los hombres que han cambiado el curso del cine en el último tercio del siglo XX: el director, Steven Spielberg, y el productor, George Lucas. Ford vuelve a ponerse el sombrero y a utilizar el látigo en una película en la que comparte cartel con Cate Blanchett, Shia LaBeouf, John Hurt, Karen Allen -que recupera el personaje que hacía en la primera de la saga, 'En busca del arca perdida-, Ray Winstone y Jim Broadbent.
El filme es lo que se esperaba; no tiene grandes sorpresas. La acción se inicia con Indy secuestrado por una unidad militar soviética en el desierto de Nevada en el año 1957, en plena Guerra Fría. Tras escapar por los pelos y sobrevivir a una explosión nuclear refugiado dentro de una nevera doméstica, regresa a su tierra para dar clases en la universidad.
Allí, cuando va a ser despedido, hace su aparición un joven rockero. Es Shia La Beouf, fanático de las motos y con un atuendo de chaqueta de cuero que recuerda al Marlon Brando de 'Salvaje!'. El joven le pide ayuda para resolver el misterio de la calavera de cristal de Akator, un objeto legendario, citado por el conquistador español Francisco de Orellana, que provoca tanta fascinación como superstición y miedo.
Indiana y el chaval viajan al rincón más perdido de Perú, tierra de antiguas tumbas, exploradores olvidados y rumores de una ciudad de oro. Pero no tardan en descubrir que no están solos; los agentes soviéticos también quieren apoderarse de la calavera. Y tienen prisionera a una antigua conocida del doctor Jones, Marion Ravenwood (Karen Allen), que resulta ser la madre del joven.
A partir de ese momento la película cobra ritmo, aunque el desarrollo es previsible: que Indy descubre que tiene un hijo -¿será el joven de la 'chupa' de cuero?- y que la aventura, tras recorrer los lugares más inexplorados de la selva amazónica, acaba con un típico 'happy end' con boda incluida.
Había una enorme expectación en Cannes por ver qué habían hecho Spielberg y Lucas con Indiana Jones y como se veía un maduro Harrison Ford, que volvía a meterse en las más increíbles aventuras 19 años después de la última. Pero la película deja una sensación de 'deja vu'. Si en una de las anteriores, Indy y sus amigos caían por una catarata, ahora lo hacen por tres; si antes se las tenían que ver con un pozo infestado de serpientes, ahora se enfrentan a una plaga de millones de hormigas carnívoras...
La mina de 'El templo maldito' parece inspirar los laberintos subterráneos mayas de 'La calavera de cristal'. La película fue recibida por la prensa con aplausos de cortesía, pero muy lejos del delirio esperado, lo que no impide que sea un gran espectáculo, políticamente correcto. Se convertirá en un otro taquillazo de Spielberg.
Esta cuarta entrega de Indiana Jones se ha estado gestando durante décadas. La única condición es que el guión tenía que ser aceptado por Spielberg, Lucas y Harrison Ford, y este último tiró abajo algunos de los argumentos que se habían barajado. Aunque el actor afirmó en Cannes que «el proceso de la elaboración y selección del guión fue responsabilidad de Spielberg».
Pocos efectos especiales
Tanto el director como el productor quisieron desde el principio mantener la imagen de las entregas anteriores y para ello optaron por no usar técnicas digitales y limitar en lo posible el uso de efectos especiales. «El objetivo era hacerla mágica hábilmente y no mágica digitalmente», explicó George Lucas. El autor de la saga de 'La guerra de las galaxias' se mostró satisfecho por no haber utilizado efectos especiales generados por ordenador, que tanto abundan en el cine de hoy.
«En esta película he trabajado lo menos posible con los actores en plató sobre un fondo azul. Creo que los decorados les inspiran y, por eso los he construido como se ha hecho siempre y no digitales», indicó Spielberg.
El director había impuesto un pacto de silencio sobre la película para no desvelar detalles sorprendentes (la verdad es que no hay ninguno), lo que provocó que una persona que robó el guión fuese encarcelada. En un intento por mantener el celo, el propio director suprimió del filme por un procedimiento digital a un actor secundario que había revelado partes de la historia.
Pero ayer todo fueron sonrisas. Spielberg no escatimó elogios para Harrison Ford: «Todo el que ha trabajo con él sabe que tiene en sus manos un arma secreta. Ford no sólo se preocupa de su personaje, sino de todos; trabajar con él es una ayuda extraordinaria». El protagonista reconoció que ha utilizado a 'dobles' para las escenas de acción: «Soy un actor, no un especialista, que los hay muy buenos. Yo quiero transmitir la emoción del personaje, su continuidad emocional, las escenas de acción física se las dejo a otros».
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