José Antonio Abreu es el padre del Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, pero quien lo ha lanzado a la fama en todo el mundo es su estrella más rutilante: Gustavo Dudamel. Nacido en Barquisimeto hace sólo 27 años, Dudamel es ya el director titular de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles y la Sinfónica de Gotemburgo y el lanzamiento más espectacular del sello Deutsche Grammophon (DG), algo así como el 'rolls royce' de las discográficas clásicas.
Dudamel residía en uno de los barrios más modestos de su ciudad y tenía todos los boletos para malvivir con un trabajo que nunca le permitiría salir de su ambiente o verse tentado por el dinero fácil de las bandas. Pero entró en una de las escuelas del Sistema y pronto descubrieron su talento excepcional. Hoy es el director principal de la Orquesta Juvenil Simón Bolívar, además de titular en las dos formaciones citadas. Lo sorprendente es que fue con esta agrupación joven y sin ninguna grabación discográfica anterior de relieve donde tuvo la oportunidad de grabar para DG. Primero fue un disco con las sinfonías 5 y 7 de Beethoven, donde demostró que era capaz de derrochar energía y pasión, y que sus versiones resistían con desparpajo la comparación con las de los grandes. Después se adentró en las profundidades de la 5ª de Mahler, para probar que también era capaz de desvelar angustias y sutilezas. Y su tercer disco, que acaba de aparecer, es una orgía de ritmo, con composiciones de autores latinos en general nada conocidos a este lado del Atlántico, con Bernstein a modo de bis final. Abreu tiene que haberse emocionado al escuchar esos discos. Y quizá lo haga también al recoger el premio, porque es bastante probable que Dudamel esté presente, dado que pocos días después del solemne acto de Oviedo empieza una breve gira por España.
Otro caso ejemplar es del contrabajista más joven que ha tenido la Filarmónica de Berlín: Edicson Ruiz, un muchacho de 17 años que de niño se ganaba precariamente la vida como empaquetador en una planta situada en el barrio más peligroso de Caracas. Su paso por la escuela de Abreu le permitió entrar en contacto con el director Kurt Masur primero y sacar la plaza en la orquesta berlinesa más tarde, batiendo todas las marcas de precocidad.