La devolución de 400 euros a asalariados, pensionistas y autónomos, la medida estrella de Zapatero para reactivar una economía cada vez más afectada por la crisis mundial, ha agotado el «margen de maniobra» del Gobierno para adoptar nuevas medidas discrecionales a corto plazo. Así lo dijo ayer el vicepresidente económico, Pedro Solbes, poco amigo de una iniciativa que en su día impulsó el hoy ministro Miguel Sebastián y que abrazó el jefe del Ejecutivo como talismán a lo largo de la campaña electoral. De hecho, admitió su desafección al comentar que el cheque de 400 euros es una «consecuencia de los procesos electorales».
Su planteamiento de que no va a haber más medidas da una respuesta, negativa, a las demandas formuladas por los sectores más damnificados, los ligados a la construcción y a los bienes de consumo. Al ladrillo se le puede echar una mano «y en eso estamos», comentó, pero el ajuste es a su juicio necesario porque «no es lógico» que en España se construyan más viviendas que en Alemania, Francia e Italia juntas; ni que un país con 45 millones de habitantes haya edificado 800.000 casas al año, por lo que se debe volver a «ritmos congruentes de 400.000 a 500.000».
Solbes, durante una intervención en el Fórum Nueva Economía de Madrid, se limitó a confiar en que la deducción fiscal, que los contribuyentes notarán ya en las nóminas del próximo mes de junio, «tenga algún impacto expansivo en la economía». Máxime, recordó, cuando los datos oficiales revelan un «debilitamiento notable», ya que el crecimiento del último trimestre fue sólo del 2,7%, ocho décimas menos que el período octubre-diciembre de 2007. Y las cifras del empleo tampoco son buenas, hasta el punto de que en abril la afiliación a la Seguridad Social se redujo un 1,1%.
A partir de estas consideraciones, el 'número tres' del Gobierno enfatizó que hay que manejar «con muchísimo cuidado» el superávit de las cuentas públicas amasado en los cuatro pasados años de bonanza -de donde saldrán los 400 euros-, porque el paso de un saldo positivo a un déficit «es relativamente fácil». Para las arcas públicas, la devolución supondrá casi 6.000 millones de euros. Y en el caso vasco, donde las diputaciones también han optado por aplicar la misma medida aunque a regañadientes, el coste superará los 300 millones. En cualquier caso, y pese a tan negro panorama, concluyó que espera terminar este año con «un ligero superávit», pese a ser todavía pronto para sacar conclusiones.
No ocultó Solbes la gravedad de la situación económica, en línea con su actitud tras la victoria socialista en las elecciones generales. Nos enfrentamos, dijo, al entorno «más complicado de los últimos quince años» aunque, a renglón seguido, apostilló que la recuperación está «notablemente cerca». En este sentido, y tras descartar una recesión en 2009 porque no ve «ni siquiera un trimestre» con decrecimiento, añadió que espera que el crecimiento económico «remonte» de forma «muy clara» en 2010 para, en los años siguientes, estar en índices «cercanos al 4%».
Petróleo a 135 dólares
Para el vicepresidente, los elementos de fondo de la economía siguen «siendo sólidos» y gran parte de las causas de la actual coyuntura «son exógenas». Y además, el sistema financiero es robusto y capaz, en su opinión, de asumir el aumento de la morosidad provocado por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria.
Las razones exteriores a las que se refería el vicepresidente se traducen en la restricción internacional del crédito y en las fuertes subidas de los alimentos -un 53% en el curso de un año- y de los carburantes, que han experimentado alzas del 80% en doce meses y que «van a permanecer en altos niveles durante bastante tiempo». Ayer, el petróleo rebasó los 135 dólares el barril en un mercado al borde de la histeria, impulsado por los temores sobre la oferta y la pasividad del cártel de países productores, la OPEP.