Las inundaciones de ayer en Vizcaya, las peores de los últimos años, sorprendieron desprevenidos a los servicios de emergencia. Ni la Ertzaintza, ni las policías locales de los municipios más afectados, como Getxo, Muskiz o Galdakao, ni los Bomberos habían recibido una alerta por lluvias torrenciales. Por eso no tenían previsto refuerzo alguno.
Cuando se avecina un fenómeno meteorológico adverso de este calibre, los recursos suelen ser avisados por SOS Deiak -al que informa el Instituto Nacional de Meteorología-, mediante un fax que detalla el grado de alerta y ofrece datos como la velocidad del viento o el nivel de precipitación. En este caso, sin embargo, no había una predicción que hiciera temer una riada. Las guardias nocturnas de cada cuerpo tuvieron que aguantar el chaparrón con los recursos mínimos con los que contaban un sábado por la noche. «No pensábamos que podía haber inundaciones, nos ha pillado por sorpresa porque no nos habían avisado, pero también nos ha sorprendido lo bien y rápido que, pese a todo, se ha funcionado», admitía ayer un policía que trabajó toda la noche y al que en varias ocasiones le llegó «el agua hasta la cintura».
Según indicaron fuentes policiales, la falta de información resultó tan flagrante que se convirtió incluso en motivo de mofa entre los agentes, desbordados de trabajo. ¿Cómo es posible que no hubiera una predicción meteorológica más ajustada como para adelantar el peligro? «Alguien tenía que haber previsto algo tan gordo», protestaba un miembro del improvisado operativo. La Mesa de Crisis del Gobierno vasco se reunió ayer por la mañana para coordinar a los medios de emergencia. La viceconsejera de Interior, María del Yermo Urkijo, aseguró que estaban «en prealerta» desde el viernes por lluvias intensas el fin de semana.
La pleamar estaba prevista para las 15.11 horas y amenazaba con desbordar la ría de Bilbao, que bajaba en torrentes y «a ras» de suelo, pero los mayores problemas se registraron de madrugada en la zona de Getxo y sus alrededores.
El primer aviso de que la lluviosa noche del 1 de junio iba a ser recordada durante mucho tiempo en el municipio surgió en la playa de Ereaga. Alrededor de las once de la noche cayó una tromba que generó una gran balsa de agua en la carretera que bordea el arenal y que quedó cortada al tráfico. A partir de ese momento -no paró de llover en toda la noche-, se realizaron las primeras evacuaciones de personas atrapadas en viviendas del entorno de Fadura y la Avenida Salsidu anegadas por el agua, sobre todo en los barrios situados en las cotas más bajas de Getxo. «Desalojamos los primeros a un señor mayor que estaba helado de frío y a cuatro miembros de una familia», explicaba un policía. Todos los hoteles de la localidad estaban llenos, por lo que se trasladó a los desalojados a la residencia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón y después al polideportivo de Gobelas.
«La ría aguanta»
La situación era crítica. A las tres de la mañana se empezaron a llamar a refuerzos. La Policía getxotarra, que contaba con nueve efectivos, llamó a 14 agentes más. El Grupo Especial de Rescates (GER) de la DYA movilizó a sus 50 miembros voluntarios en Vizcaya y a otros 12 desplazados desde Guipúzcoa, que acudieron protegidos con trajes de neopreno y dotados con lanchas neumáticas, al igual que la Cruz Roja. Gracias a ellos se pudo desalojar la discoteca 'Image' de Berango, llena de público joven a esa hora de la madrugada. Después, hubo «rescates localizados» de personas con problemas o en caseríos aislados, garajes anegados, y se retiraron vehículos de la calzada. Los Bomberos de la Diputación, que cubren las zonas más afectadas, tuvieron desde la medianoche más de 600 llamadas.
En Bilbao también se estableció una mesa de coordinación ante el miedo de que el Nervión se desbordara. «La ría va a aguantar», anunciaba con alivio a mediodía Andoni Oleagordia, jefe de Protección Civil de la ciudad. Sólo la Policía Municipal tuvo treinta llamadas de agentes que se encontraban libres y se ofrecían voluntarios. «En estos momentos es cuando sale lo mejor del ser humano», se felicitaba un mando.
El barrio de Zorroza permaneció aislado una hora a causa de varios desprendimientos en la Avenida de Montevideo y la carretera de Castrejana. Un colegio de autistas en la carretera de Basurto a Castrejana tuvo que ser desalojado. También recibieron llamadas de alerta de conductores que habían bajado a los garajes para salvar sus coches y luego no podían salir. En el parque de Etxebarria se habilitó un gran parking para que los bilbaínos, avisados por megafonía por patrullas de la Policía local, estacionaran sus vehículos a salvo del nivel del agua.
«Sólo atendíamos llamadas de emergencia; cuando alguien decía que se le había inundado la casa, si no corría peligro su vida, sólo podíamos decirle que esperara a que llegaran los Bomberos», confesaba un agente.