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Los alumnos tienen menos de una semana para preparar las recuperaciones del curso
Trasladar las pruebas de septiembre a junio ha acabado por rebajar el nivel de exigencia y adelantar las vacaciones a los escolares aventajados

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Los alumnos tienen menos de una semana para preparar las recuperaciones del curso
En algunos casos, los escolares sólo disponen de tres días para preparar una asignatura. / EL CORREO
Las actuales recuperaciones de fin de junio se han convertido en una prueba en la que los centros rebajan el nivel de exigencia mantenido durante el curso para facilitar el aprobado a los alumnos. No es extraño: el calendario escolar adoptado en el País Vasco sitúa los exámenes de repesca que antes se hacían en septiembre a menos de una semana de los finales de junio, en algunos casos a tres o cuatro días, con lo cual el tiempo de preparación es mínimo. Con este sistema los alumnos que van bien disfrutan antes de las vacaciones, una decisión que suscita muchas quejas entre las familias ya que a los aprobados en Bachillerato se les manda a casa a partir del 15 de mayo, y los buenos estudiantes de la ESO pueden dejar de acudir a las aulas desde principios de junio en muchos colegios.
Euskadi fue una de las primeras comunidades españolas, y ahora es una de las pocas, que decidió trasladar los exámenes de verano a finales de junio. Fue un acuerdo entre la consejería de Oliveri en el año 1998 con los sindicatos STEE-EILAS, LAB y ELA. En un principio se estableció este cambio en Bachillerato y FP, para alumnos de 16 a 18 años. Estaba previsto acabar el temario en mayo y hacer los exámenes un mes después. Sin embargo, al final entró en el lote del proyecto la Educación Secundaria Obligatoria, adolescentes de 12 a 16 años.
El principal objetivo que perseguía ese cambio es que los centros públicos conocieran desde junio el número de alumnos con los que contarían en septiembre para planificar las plantillas, según explican desde el Departamento de Educación. El sistema de evaluación continua justificaba la iniciativa, añaden, ya que el profesor disponía del resultado del seguimiento del estudiante y, además, el alumno tenía más reciente el temario. «Fue también un intento de evitar desigualdades. Las familias con recursos económicos podían mandar a sus hijos a clases particulares durante el verano. Además, el curso se empieza así antes en septiembre, con lo que se adapta al calendario europeo», señala Xabier Mendizabal, responsable de la asociación de directores de Secundaria.
Los sindicatos alegaron también que los padres preferían que sus hijos tuvieran el verano libre de academias y clases particulares para no echar a perder las vacaciones familiares. «Los resultados que se conseguían en septiembre son similares a los que se logran en junio», señala el presidente de la federación de asociaciones de padres de alumnos de la escuela pública vasca, Imanol Zubizarreta.
De un día para otro
La práctica de todos estos años ha puesto en evidencia algunas debilidades del sistema. Aunque en un principio el proyecto establecía que entre los exámenes finales y los de recuperación pasara un mes en el caso de Bachillerato y de dos o tres semanas en ESO, la realidad es otra. En Secundaria, según los institutos o colegios, apenas hay de tres a cinco días. Y la evaluación continua queda en agua de borrajas. Funcionan los exámenes de toda la vida. «En una semana no se puede recuperar lo que no se ha aprendido en el año. Y, menos, sin dar clases de refuerzo», explica la madre de un alumno de un instituto que todavía no se explica que su hijo recuperara cinco suspensos de una tirada en las pruebas extraordinarias del pasado curso, «de un día para otro como quien dice», añade.
Los profesores reconocen que se rebaja el nivel de exigencia. De hecho estos exámenes ahora se conocen en la jerga docente como 'de mínimos', aunque su nombre oficial es 'extraordinarios'. «Se examina de los mínimos que debe saber el alumno para pasar de curso. Está establecido en la normativa», señala Mendizabal.
Muchas familias vascas han notado las consecuencias de la evolución del calendario escolar en que se encuentran con sus hijos en casa, si son buenos estudiantes, desde el 15 de mayo, en Bachillerato, y principios de junio, en ESO. Algunos colegios concertados incluso han enviado cartas a las familias de alumnos que han aprobado y no tienen finales para comunicarles que pueden autorizar a sus hijos, por escrito, para que no vayan al colegio.
«No deberían ni preguntar, que empleen ese tiempo en dar idiomas o deportes a los que no han suspendido. Encima de quitarnos varias semanas de dar nuevo temario, nos los dejan en casa por ser buenos estudiantes», comenta un miembro de la agrupación de padres de un colegio religioso. Desde CC OO recuerdan el negocio que ha surgido de cursos de idiomas y campamentos deportivos a la sombra de la difícil conciliación entre el trabajo de los padres y el calendario lectivo.
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