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Jorge Edwards: «He sido un inadaptado y me he opuesto a todo por instinto»
El autor y premio Cervantes homenajea con humor a los poetas en su novelas 'La casa de Dostoievsky'

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Jorge Edwards: «He sido un inadaptado y me he opuesto a todo por instinto»
VOCACIÓN. Su padre le sugirió que escribiera sobre cosas 'serias', pero Edwards no le hizo caso. / MAITE BARTOLOMÉ
El humor por encima de todo. Esta es la máxima del escritor chileno Jorge Edwards, que recogió ayer la Pluma de Plata de la Feria del Libro de Bilbao y presentó su última novela, 'La casa de Dostoievsky', ganadora del Premio Planeta-Casamérica 2008. Le acompañaba Fernando Quiroz, finalista del mismo certamen por 'Justos por pecadores', un libro sobre su experiencia como miembro del Opus Dei. En su libro Edwards cuenta la vida del Poeta, su juventud en Chile, su amante en París, sus amigos en la Cuba castrista.
-¿Le apetecía escribir una novela sobre poetas?
-Yo me hice escritor porque leí algo de poesía y me encantó. Chile era entonces, en los años treinta, un país de poetas en el que vivían Pablo Neruda, Vicente Huidobro y Gabriela Mistral. Alguien que leyó esta novela me dijo: 'Mira, has tratado a los poetas con mucho cariño, pero da la sensación de que son malas personas'.
-¿Son malas personas?
-No, no lo son. Viven de becas, del Estado o de las amantes, y no sé qué situación es peor. A veces también se pegan unos grandes costalazos, como se dice en Chile.
-Lo dice con ironía.
-Mi novela tiene un lado sombrío y hasta deprimente, pero también humor. Siempre me ha interesado. No me gustan las novelas humorísticas, pero sí he tratado de provocar la carcajada en el lector. -Usted empezó escribiendo poemas.
-Sí, pero fui lo suficientemente púdico y equilibrado como para no publicarlos. La aspiración a ser poeta es más universal de lo que se piensa. He estado en comidas y cenas en Chile y me ha tocado al lado de empresarios, ministros y gente así, hasta que llega un momento en que le dicen a uno: 'Te quiero mandar un manuscrito mío de poesía'. Y yo me digo para mí: 'Ya está, otra vez con lo mismo'.
-¿Qué fue lo primero que publicó?
-Un libro de cuentos. Lo edité yo mismo e hice unas suscripciones para los amigos. Funcionó. Mi padre no quiso financiarlo, y cuando vio que mi vocación literaria era inevitable, me dijo: 'Está bien, pero ¿por qué no escribes sobre cosas interesantes?'.
-¿Por ejemplo?
-Me sugirió un libro sobre la historia del cobre en Chile.
-A usted le habría ido peor si hubiera escrito sobre ese tema.
-Me habría ido peor. Habría sido un profesorcito de la historia del cobre.
Esclavitud y estrés
-Se dice que hay más escritores que lectores de poesía.
-Sí, y es una desgracia. Todos quieren escribir, y ahora hay muchos que pretenden llegar a la escritura sin pasar por la lectura. Los escritores de ahora creen en los premios, en el dinero como camino.
-Y ése, para usted, no es precisamente el camino.
-Si quieren ganar dinero, que elijan otra cosa. Con la literatura hay que tener paciencia. Yo siempre trabajé en otras cosas para no tener que depender de los libros. Eso es una esclavitud y tampoco produce necesariamente buenos resultados. Crea un estrés terrible.
-¿Cuál es la mejor actitud?
-No sé. Como los de mi generación, he sido un inadaptado, me oponía a todo por instinto. Leíamos a escritores muy incómodos y radicales, Camus, Sartre, Kafka, Dostoievsky.
-¿Por eso puso ese título a la novela, 'La casa de Dostoievsky'?
-Era una casa real, muy transitada por escritores. Un día Enrique Lihn, que llegó a vivir allí, me dijo que se le acumularon tantos trastos, zapatos rotos, libracos y papeles en el dormitorio que él alquilaba, que salió por la ventana, tiró la llave dentro y no volvió más.
-¿No cree que hay escritores que se acomodan a todo?
-Claro. En el fondo de esta novela aparece Neruda, al que se le llama el Poeta Oficial. Se adaptó al mundo comunista y se dio cuenta de las cosas graves que pasaban. Pero él no podía salirse de esa disciplina.
-¿Como ve ahora Cuba, el país al que va el Poeta?
- Parece raro esperar algo de Raúl Castro, pero ha liberado las comunicaciones. Ahora se puede hablar con Miami, y eso cambia mucho la meentalidad de las personas.
-¿Qué hace ahora?
-Vivo en Santiago de Chile y viajo mucho a España. Pero no sé hasta cuándo podré aguantarlo, porque son 14 horas de viaje y se hace m muy pesado. Llevo quince años alquilando una casa en una playa chilena y allí soy feliz. Escribo en un altillo desde donde veo una bahía fantástica, y después bajo a la caleta de pescadores y me compro unas corvinas que todavía están boqueando.
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