La bomba de ETA no logró parar el corazón de EL CORREO. Detuvo dos horas las rotativas que lanzaban los 185.000 ejemplares que debían salir a la calle, dañó dos máquinas de impresión y obligó a cerrar una parte de la nave. Sembró el miedo, pero no frenó voluntades. Ni un ápice. Tras la explosión, los trabajadores esperaron en la calle hasta que la Ertzaintza comprobó que no había peligro. Las furgonetas de reparto permanecieron horas a las puertas del pabellón de Zamudio para cargar periódicos y llegar a tiempo a los quioscos. Cuando los operarios confirmaron que las máquinas funcionaban y se podía seguir 'tirando', desde la redacción de Bilbao se hiló la secuencia del ataque terrorista y se enviaron las páginas con el relato del atentado. ETA no pudo impedir que el diario llegara a los puntos de venta y que, incluso, 60.000 ejemplares llevaran ya en portada la noticia de la bomba contra el periódico.
A las 3 horas y 3 minutos se detuvieron las rotativas. La terrible deflagración sacó a la calle a los cincuenta trabajadores del pabellón ubicado en Zamudio. Apenas se habían tirado 60.000 números, que quedaron empaquetados en los muelles de la nave a la espera de su reparto. En esa primera edición, EL CORREO abría su portada con la entrevista a la ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia. «La mayor innovación pasa también por una sana alternancia en Euskadi», declaraba la bióloga donostiarra en primera página.
Los artificieros de la Ertzaintza inspeccionaron el edificio para comprobar que no hubiera más explosivos. A las puertas del pabellón se congregaron los trabajadores, a los que se fueron sumando los directivos del diario, aliviados al comprobar que no se habían registrado daños personales y con la preocupación por las graves consecuencias que podían acarrear los destrozos causados por la bomba en las instalaciones.
La incertidumbre de si el periódico vería la luz crecía a medida que pasaban los minutos en la fría madrugada de ayer. Se pidió permiso a la Ertzaintza para entrar, al menos, a recoger esos 60.000 ejemplares que estaban ya empaquetados y abastecer a algunos quioscos. No pudo ser. No debían correr riesgos.
Dos horas después de la explosión, los artificieros acabaron su trabajo y la Policía vasca levantó el cordón de seguridad. Los responsables de la planta y los trabajadores accedieron a la nave con la inquietud por lo que se iban a encontrar. Los daños fuera del edificio no hacían presagiar nada bueno. Hubo suerte. Dos rotativas estaban dañadas, pero se podía seguir tirando con el resto de las máquinas. La plantilla no lo dudó: manos a la obra. A las 5 horas y 8 minutos comenzaron a funcionar de nuevo las rotativas que se habían salvado del ataque terrorista. La lucha era ahora contra el reloj.
Normalidad
«Las rotativas están en marcha». El equipo de redacción, diseño y dirección que llegó poco después de las cuatro de la madrugada al periódico recibió ese mensaje con alivio. Los redactores recogieron la información de primera mano, de los responsables del periódico que amanecieron a las puertas de la nave. Había muy poco tiempo para escribir el relato del atentado, un editorial de urgencia y volver a elaborar la primera página.
Mientras trabajaban los periodistas en la sede de Bolueta, la planta de Zamudio lanzaba los periódicos que aún no recogían la noticia del atentado. Faltaban 120.000 números por imprimir y había que llegar a puntos de venta alejados, muchos situados en Guipúzcoa, Cantabria o La Rioja. A las seis y cuarto de la madrugada, las tres nuevas páginas llegaban a la rotativa y comenzó a tirar la edición actualizada. En primera página, el titular de apertura: 'Bomba contra EL CORREO'; en el interior de la publicación, una información del atentado y el editorial: 'No nos silenciarán'. Para entonces El Correo Digital había colgado la noticia, fotos y vídeos del ataque contra las instalaciones.
A las ocho y media se completó la tirada y pararon las máquinas, casi tres horas después de lo habitual en otro domingo. Hubo tiempo para sacar a la calle 60.000 periódicos de esa segunda edición. Las furgonetas de reparto hicieron una distribución de los ejemplares actualizados por quioscos de Bilbao, margen derecha, margen izquierda, Llodio y Amurrio. Misión cumplida.
La nave de Zamudio recuperó la normalidad a lo largo del día de ayer. Las dos rotativas dañadas se pusieron en funcionamiento y se pudo abrir el paso por la zona cerrada a causa de la caída de cascotes. Una lona ocultaba el boquete en la pared que dejaron los cinco kilos de explosivo.