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ÁLAVA
«Es un pulso a los monitores, que ponen orden»
15.06.08 -

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«Es un pulso a los monitores, que ponen orden»
Los chavales pedían ayer en un cartel la vuelta de sus antiguos educadores. / J. ANDRADE
El amotinamiento la noche del viernes de los 38 menores extranjeros alojados en el centro Zabaltzen -ubicado en la sede de la Cruz Roja en la calle Castilla- y relatado en exclusiva por EL CORREO tuvo ayer una rápida y firme respuesta de la diputada de Política Social, Covadonga Solaguren.
La responsable peneuvista no tuvo reparos en criticar la actuación de los jóvenes inmigrantes. «El cambio de gestión en el servicio está siendo aprovechado por los menores para echar un pulso a los nuevos educadores, que han querido en todo momento poner orden». Solaguren recordó que el pasado martes se incorporó un equipo de monitores, fruto de «un nuevo proyecto educativo por el que desde Diputación hemos hecho una apuesta con el objetivo de atender a los chavales y proporcionarles una educación integradora».
Objetivo que, según recalcó, «no es óbice para realizar un control y un seguimiento de su comportamiento dentro y fuera del centro». Y es que, a veces, los chavales «buscan una satisfacción inmediata, hacer lo que ellos creen y no cumplir unas normas mínimas».
La titular foral, que ha impulsado el traslado del servicio este mismo verano a Molinuevo, respaldó a los nuevos cuidadores y negó tener constancia de que hayan maltratado a los adolescentes, como denuncian. Aclaró además que «toda intervención tiene una respuesta que vendrá por la vía educativa», y quiso dejar claro que la autoridad del centro «debe estar siempre en manos de los educadores y responsables. Vamos a seguir vigilantes». La diputada quiso lanzar además un mensaje tranquilizador «para no estigmatizar a todos los menores extranjeros con la delincuencia y con hechos como los de la otra noche», en los que tuvo que intervenir la Policía Municipal.
Pero llega tarde para algunos de los vecinos de la zona, que ayer expresaron su «hartazgo e inquietud» con los jóvenes inmigrantes. «Yo tengo un hijo pequeño y no me atrevo a sacarlo al parque por culpa de ellos: tiran cosas desde la ventana, rompen cristales, van bebidos y hacen lo que les da la gana», coincidieron varios residentes, que reclaman «mano dura con ellos. Nos cuestan dinero a todos y son un problema».
El malestar está extendido por el barrio. «No es algo nuevo, siempre ha habido problemas, quizá no a diario, pero sí con cierta frecuencia», relataba otro vecino más que prefiere permanecer en el anonimato «por puro miedo». Otro que vive muy cerca del centro asegura que una noche le rompieron las ventanas del coche y no les dijo nada «porque me dan pánico. Tienen contactos con mucha gente en la ciudad».
Lazcoz pide calma
El alcalde de Vitoria, Patxi Lazcoz, terció en la polémica con un llamamiento a la calma. «Lo único que cabe es un alto grado de colaboración entre el Ayuntamiento y la Diputación, y que no se exagere la polémica». Si bien, reconoció que «es cierto que a veces se suscitan problemas con el comportamiento de los chavales, pero la clave es no vincularlo a que sean extranjeros».
Ajenos a toda esta polémica, los menores amanecieron ayer más tranquilos, aunque sin olvidar sus reivindicaciones. Como prueba, el cartel que colgaron en una ventana dirigido al Ejecutivo foral: «Diputación no queremos matones, queremos educadores».
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