Las clases particulares están cambiando. Han variado los contenidos por las sucesivas reformas educativas, las técnicas para impartirlas... Ahora también la forma para encontrar un profesor a domicilio a la medida de las necesidades del cliente. Alrededor de 230 personas, la mayoría en los últimos meses por la cercanía del final de curso y la tortuosa Selectividad -clausurada hace tres días-, se han dirigido a las dos empresas que desde hace un año ofrecen docentes titulados en Vizcaya. La demanda es variada: inglés, matemáticas, lenguaje, sesiones de refuerzo... Pero hay una petición estrella: asignaturas como Física, Química e Historia, impartidas en euskera, y el propio idioma en sí.
Responsables de ambas firmas confiesan sus dificultades para encontrar profesores con capacidad suficiente para enseñar a sus alumnos. «No hay gente que tenga tanto dominio del euskera, ni tanta facilidad de palabra... Además, no hay gente suficiente para enseñar euskera a nivel de Bachillerato. Estas personas son las más demandadas, tanto por nosotros como por los colegios, y tenemos dura competencia entre nosotros», afirma Javier Ortueta, director en Bilbao de Acadomia. De hecho, este ingeniero industrial -cansado de viajar de un lado para otro, dejó su puesto de trabajo para abrir esta oficina- desvela que hay madres «desesperadas» que solicitan un profesor en castellano a pesar de que sus hijos estudian en la lengua euskaldun: «Pero yo me niego. No sirve de nada. Igual cogen el concepto, pero después no lo saben explicar», constata en su oficina de la calle Sabino Arana, abierta en mayo de 2007.
La elección de los profesores a domicilio que forman la cartera de cada una de las empresas es, por tanto, fundamental. «Son todos licenciados», certifica Sebastién Triviere, director de Educa-System, empresa con sede en Barcelona y que abrirá una sucursal en la capital vizcaína en 2009, aunque ya dispone de un centenar de clientes y 45 docentes. Los portales de empleo en Internet se han consolidado como la principal herramienta para reclutar a maestros. «Son gente que se dedica de forma parcial. Es una forma de ganar dinero. Les hacemos una entrevista telefónica, comprobamos su disponibilidad, su capacidad... Y luego se mantiene un contacto personal», explica Triviere.
Pero la Red no sólo se emplea para hallar 'educadores'. Es un mecanismo fundamental en este sistema. Desde el primer momento. Y es que muchos padres -agobiados por las malas notas de sus hijos- y adultos -deseosos de ampliar sus conocimientos- se sumergen en el ciberespacio para buscar un profesor que acuda a su casa. «Lo conocí por Internet. Necesitaba apoyo en Química para presentarme al examen de acceso a la universidad, entré en Google y salió la web de Educa-System», relata un hombre de 35 años, que prefiere mantener el anonimato. Su caso es especial debido a que sólo el 5% de los usuarios son adultos. «Son gente que piden clases de idiomas, de música e incluso informática», certifica Triviere. El resto son niños -desde los tres años-, adolescentes y universitarios, que reciben una media semanal de tres horas de clase, divididas en dos sesiones de noventa minutos.
Niños difíciles de llevar
Tras este primer contacto, los responsables de las firmas efectúan un cuestionario a su cliente para conocer sus requerimientos. Una vez detectadas sus necesidades, la compañía bucea en su base de datos para hallar un profesor que se adapte a las condiciones del alumno. A la carta. «Existe la posibilidad de cambiar de persona. También que el profesor renuncie porque hay chavales que son difíciles de llevar», aclara Ortueta.
Cuando se consigue el visto bueno, el usuario debe adquirir una serie de bonos por el montante total horas de lección que desea. «Después de la clase, el cliente entrega al profesor el tique con un código y lo introduce en nuestra página. Así, el cliente va descontando créditos y nosotros sabemos lo que tenemos que pagar a cada profesor en función del número de horas que acumulen», explica el dirigente de Acadomia, que acepta que se trata de un servicio «caro».
Y lo es. Nada que ver con los precios de aquellos estudiantes universitarios que se ofrecían en carteles pegados en cualquier esquina de la calle. Las tarifas oscilan entre los 19 y los 35 euros. «Varía en función del nivel. Primaria, Secundaria... Luego están los idiomas. Cuanto más complicada sea la lengua que se debe enseñar, más caro resultara el servicio. El chino, por ejemplo, es muy caro. Carísimo», enfatiza Triviere. A muchos padres, sin embargo, les da igual estos altos precios con tal de obtener resultados.
«Merece la pena. Mi hija es un cero en Matemáticas y ha tenido muchos profesores que me han cobrado 10 ó 12 euros la hora para nada. Pero ahora veo que sí. Veo progresos. Este año, por ejemplo, ha sacado un nueve», se enorgullece Yolanda, nombre ficticio de una madre. De momento, ya hay varias reservas para las vacaciones. «Nos han contratado clases de verano, tanto como refuerzo de conocimientos como preparación de exámenes de septiembre. En este último caso la mayoría son alumnos universitarios, de FP...», revela Ortueta.