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Política

POLÍTICA
Y ahora ¿qué?
28.06.08 -

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Bien, ya tenemos ley de consulta y conocemos las preguntas que en ella van a formularnos. Sabemos también, de otro lado, que el Gobierno central va a interponer recurso suspensivo ante el Tribunal Constitucional y que éste lo va a admitir a trámite, sin prejuzgar lo que al final decida sobre el fondo del asunto. Nos encontramos, pues, en una confrontación de voluntades sobre cuya resolución no hay acuerdo ni siquiera entre los promotores de la ley. Dice, en efecto, el grupo de la izquierda abertzale, con cuyo rácano concurso se aprobó ayer el texto legal, que «será España la que impida la consulta y el PNV quien lo acepte». No tendrá, por tanto, lugar la consulta. Afirman, en contra, el lehendakari y sus socios del tripartito que las leyes están para cumplirse y que ellos llegarán hasta el final con ésta que ayer aprobaron. Entre ambas posturas, uno se queda, en principio, con la segunda, aunque sólo sea porque la primera no pasa de ser una mera opinión frente a la firme decisión que esta segunda implica. Habrá, pues, consulta. Pero, incluso concediendo toda la credibilidad que se merece la firme determinación de nuestro Gobierno, uno no acaba de ver si de verdad va éste a atreverse a llevarla a la práctica ni cómo, si al final se atreve, piensa sortear los obstáculos que sin duda le surgirán en el camino.
Mientras navegaba en este mar de dudas, me encontré ayer, en este mismo periódico, con lo que podía muy bien ser la respuesta a todas ellas. «En la gestión de la consulta nadie tomará las decisiones por el PNV». Tan tajante afirmación procedía además de la autorizada boca del señor Iñigo Urkullu, presidente nada menos que de la máxima dirección del mencionado partido. «Vaya, pues -me dije-, ahora sí que no hay consulta». Resolví así, de un golpe, todas mis dudas, porque Urkullu es el mismo que no se ha cansado de repetir en los últimos días que, haga lo que haga el Gobierno central y diga lo que diga el Tribunal Constitucional, su partido, que es, como todo el mundo sabe, el que manda en el Gobierno, nunca actuará ni en contra ni al margen de la legalidad. «Más de cien años -un montón para los que cuentan los partidos del país- nos avalan». Ya no es, por tanto, Nekane Erauskin quien lo dice, sino que es el propio presidente del PNV quien ha comprometido su palabra.
Claro que -y llega la segunda oleada de dudas que amenaza con hacerme zozobrar- el señor Urkullu es el mismo que dijo, también en este periódico, por cierto, que la primera pregunta de la consulta iba a contener una «condena explícita de ETA». Y, visto lo que fue de sus palabras, me acordé de cómo él, junto con gran parte de la dirección de su partido, ha caminado en todo este proceso arrastrando los pies, empujados a empellones por quien, a raíz de la renuncia de su predecesor en el cargo, se ha hecho con toda autoridad y poder en la organización. Concluí, pues, que, diga lo que diga el señor Urkullu, lo que va a ocurrir está sólo en la cabeza de Ibarretxe y que lo que está en la cabeza de Ibarretxe es lo que va a ocurrir. ¿Qué?
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