En teoría, todos somos iguales. En teoría, tal y como establece la Constitución Española, nadie podrá ser discriminado por razones de nacimiento, raza, religión o sexo. En teoría, sí, pero en la práctica seguimos sin poder desprendernos de losas como el racismo, el machismo o la homofobia. El desarrollo legal de los últimos años ha reforzado la garantía de esos derechos sobre el papel, aunque resulta pasmosa la facilidad de algunos para convertirlo en papel mojado.
En este limbo pragmático encuentran sentido celebraciones como las de ayer, Día del Orgullo Gay, cuya importancia trasciende a toda la sociedad. «No sólo queremos que se nos acepte, sino que haya una normalización», decía el presidente de GYLDA (Gays y Lesbianas de Aquí), Francisco Pérez. Y esa normalización pasa por la «visibilización» del colectivo.
Por eso la agenda de la jornada festiva comenzó en el Ayuntamiento, donde un grupo de representantes de GYLDA hicieron entrega de la bandera del arco iris a la concejala de Igualdad, Concepción Arribas, en un acto en el que también estuvieron presentes la directora general de Infancia, Mujer y Familia, Paloma Corres, y la eurodiputada del PP Esther Herranz.
Educación ciudadana
Y el argumento, que se puede extrapolar al caso de la discriminación contra la mujer, fue el mismo: «las leyes son un paso adelante, pero lo fundamental es la educación ciudadana», sentenció la edil. Una premisa que apoyó Pérez, añadiendo: «Desde el ámbito familiar hasta el escolar».
Unas cuantas horas después, el Día del Orgullo se trasladó a la Plaza del Mercado, donde Pérez entregó el VII Premio Rosa a la Universidad de La Rioja «por su labor educativa, sus actos culturales y sociales y el acto recibido».
Bajo un clima de celebración, aderezado con unos cuantos temas de Alaska, el mensaje volvió a ser el de la visibilidad, pero en esta ocasión la «visibilidad lésbica», a quien se dedica la celebración de este año. También se exigió al PP que retire su recurso contra los matrimonios homosexuales y se hizo hincapié en la educación afectivo-sexual, la ley de plazos del aborto o la separación Estado-Iglesia, entre otras reivindicaciones. El broche final lo puso la música de Carola y 'Chico y Chica'.