A la nueve de la mañana del pasado martes, cuando se disponía arrancar su vehículo en el garaje de casa, su vida experimento un 'shock' traumático. Creyó estar en el plató donde se rodaba una película - «la mitad de miedo, la otra mitad como de Alfredo Landa»-, mientras era detenido por orden judicial, interrogado sobre un presunto pago a ETA y retenido durante trece horas en el cuartel de la Guardia Civil de La Salve. José Antonio Jainaga, consejero delegado de Sidenor, una compañía siderúrgica que ocupa el número 12 en el 'ranking' de empresas vascas por su volumen de facturación y uno de los directivos de mayor prestigio profesional de Euskadi, decidió ayer romper el silencio que había mantenido desde su detención para contrarrestar lo que califica como una «imagen injusta», una operación «desproporcionada» y un daño, quizá irreparable, a su imagen y a la del grupo que gestiona.
-Sin rodeos. La versión que circula es que ustedes han pagado en alguna ocasión a ETA.
-Pues le respondo con rotundidad: ni Sidenor ni yo hemos pagado un solo euro a la organización ETA. Jamás, aunque he recibido seis cartas. Y le diré más: no he pagado ni en esta empresa ni en ninguna otra de las que he estado antes.
-Insisto en la versión más o menos oficial. Apunta que ustedes pagaron una cantidad a la organización en el año 2004 y que ahora les reclamaba una nueva entrega.
-Quien diga que yo pagué ese dinero a ETA en 2004, simplemente, miente. Eso es lo que declaré a la Guardia Civil.
-¿Le han comunicado en qué basa el juez Garzón sus sospechas?
-Al parecer, en el momento de la detención de varios dirigentes de ETA encontraron varias cartas de extorsión que iban a ser enviadas. Una de ellas, dicen, estaba a mi nombre. También aseguran que en esa carta se menciona un supuesto pago del año 2004 y me reclaman otra cantidad.
-¿Le han enseñado la misiva?
-No, no la he visto.
-¿Puede suceder que alguien, antes de usted, accediese al chantaje en la empresa?
-Jamás he oído hablar de algo así y nadie me ha dicho algo de ese estilo.
-También ha trascendido que usted entregó a la Guardia Civil todas las cartas de extorsión que ha recibido en los últimos años.
-Sí, les pedí que fuésemos a mi despacho para entregárselas. La primera la recibí a finales de 2004, en noviembre de ese año para ser exactos, nada más ser nombrado consejero delegado de Sidenor. Desde entonces he recibido un total de seis. Lo que le dije a la Guardia Civil es que si yo hubiese pagado a ETA, lo lógico, imagino, es que me manden una carta cada seis años... ¡no una cada seis meses!
-¿Qué pensó al ser detenido?
-Cuando me monté en mi coche, a las nueve de la mañana, se acercaron dos tipos armados con metralletas y se pusieron a los dos lados del vehículo. Se me paró el corazón. Luego identifiqué que eran agentes y pensé que me habían confundido con alguien de la mafia rusa. A continuación se me vino a la cabeza la idea de que estaban allí porque habían detectado una bomba en mi coche y venían a salvarme. Y luego... se me vino el mundo encima.
-¿Cuándo se dio cuenta de que iban a detenerle a usted?
-Exactamente cuando uno de ellos comenzó a decirme que estaba detenido por colaboración con banda armada y que tenía derecho a un médico, a guardar silencio, a un abogado...
-¿Qué sintió a partir de ese momento?
-Vergüenza, mucha vergüenza. Allí dentro me vi tratado como un delincuente. Yo, que era un extorsionado, sentí que me colocaban en el mismo plano de tratamiento que a quienes tratan de extorsionarme. Pero al salir fue peor. He tenido que oír una versión según la cual registraron mi domicilio y fui detenido como consecuencia de lo que encontraron en él. Pues bien, nadie ha registrado jamás mi domicilio y los únicos documentos los he entregado yo y estaban en mi despacho: las seis cartas de ETA pidiéndome dinero.
-¿Cree que todo esto forma parte de una operación para lanzar un mensaje de advertencia a todos los empresarios?
-Después de lo que ha pasado conmigo y con Jesús Guibert, no me cabe ninguna duda. El despliegue ha sido desproporcionado; la publicidad que se le ha dado al caso desde instancias oficiales, injustificable; y el daño que se ha hecho a mi imagen y a la de mi empresa, quizá irreparable. Alguien debería reflexionar porque con este tipo de actuaciones la situación de los empresarios en el País Vasco se convierte en insoportable y ya era bastante difícil sin este tipo de 'shows'.
-Pero también comprenderá que los jueces y las fuerzas de seguridad tienen un trabajo que hacer.
-Por supuesto. Pero en este tipo de cuestiones, y más si, como es mi caso, no existen pruebas claras, la investigación debe ser discreta. No hace falta que me detengan dos personas armadas. Si hubiesen llamado al timbre de mi casa con normalidad, si lo hubiesen mantenido de forma discreta, hubiesen conseguido lo mismo, pero sin dañar nuestra imagen. Sólo hay dos opciones. Si querían montar el espectáculo, ellos sabrán las consecuencias que persiguen. Si lo hicieron de buena fe, es que son unos ineptos.
-¿Qué le han dicho los dueños de la empresa, el grupo brasileño Gerdau?
-Me han mostrado su apoyo, pero me preocupa la imagen de república bananera que estamos dando. Mire: este grupo ha apostado una barbaridad por el País Vasco, está invirtiendo enormes cantidades de dinero aquí y eso hay que mimarlo. No se puede dañar de forma gratuita la imagen de una empresa y de una gente como ésta.