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Cultura

MARIBEL VERDÚ ACTRIZ

Habla por primera vez del rodaje argentino de 'Tetro' con Coppola: «Papá Francis me cocina pasta»

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«Casi siempre me amarga el día una injusticia»
Maribel Verdú estrena este fin de semana 'Gente de mala calidad'.
Septiembre de 2007. Festival de San Sebastián. Maribel Verdú compite con '7 mesas de billar francés'. Huele a premio. Desde que hizo 'El laberinto del fauno' da largas a Hollywood. Ben Affleck la quería para 'Daredevil'. Le dijo que no. «Soy consecuente. Sólo me ofrecen americanadas, películas de tiros vestida con un mono ajustado. Si mañana me llaman Coppola o los Coen... Pero como no va a pasar...», se disculpaba entonces.
Julio de 2008. Buenos Aires. La actriz explica por qué se quedó tan tranquila cuando la Concha de Oro fue para su compañera en el filme, Blanca Portillo. Ya en San Sebastián sabía que iba a trabajar con Coppola. «Me eligió muchos meses antes del rodaje. Pero me lo callé. Los periodistas me preguntábais por mis próximos proyectos. Y yo, 'bueno, algo hay...'. Estaba muerta de miedo, acojonada. Me he pasado meses revisando sus películas: los 'padrinos', 'La ley de la calle', 'Drácula'....».
Verdú habla por primera vez de su experiencia junto al mítico director. Esta semana concluía el rodaje de 'Tetro', una crónica familiar sobre inmigrantes italianos en Argentina. Vincent Gallo, que reemplazó a Javier Bardem, Klaus Maria Brandauer y Carmen Maura conforman el multinacional reparto. Coppola lleva meses viviendo en el barrio de Palermo Viejo, donde ha comprado un hotel a sumar a los que posee en Belice, Guatemala y la Toscana.
Allí se fue el 1 de marzo una actriz que ha tocado techo en el cine español. Gracias a '7 mesas...' obtuvo, al fin, ese Goya que se le resistía tras cuatro nominaciones. «Una Gracita Morales con cuerpo de súper mujer», en definición de David Trueba, que pisó un plató con 13 años, dejó el colegio a los 16 y durante lustros fue casi la única actriz joven del cine español, mito sexual para toda una generación. Feliz, rebosante de energía, Maribel Verdú responde por teléfono desde un rancho a 80 kilómetros de Buenos Aires.
-¡Coppola!
-Es un tío tan normal, tan poco engreído... Apenas habla castellano, estuvo aprendiendo antes del rodaje, pero luego lo dejó. Nos comunicamos en inglés. Sólo dice 'hola', 'qué tal' y 'agua, por favor'.
-¿No le impresiona ser dirigida por el autor de 'El padrino', de 'Apocalypse Now'?
-No. Superé ese miedo viendo sus películas. Cuando llegué a Buenos Aires estuve un mes viviendo en su casa junto al otro actor, Alden Ehrenreich. Hablando, comiendo, cenando, bañándonos en la piscina... Con papá Francis.
-Es un hombre familiar.
-Está todo el día en bañador, cocina la pasta... De vez en cuando aparece su hija Sofía, que es un encanto, y su mujer, que te la comes. Es superfamiliar y le encantan los niños.
-El rodaje se interrumpió en un par de ocasiones por presiones del sindicato de actores argentinos.
-Mentira, en ningún momento se paró. Lo intentaron una vez, y se encontraron con que no había actores argentinos: ese día rodábamos una llama y yo. Y los que están tienen los contratos en regla. Eso sí, antes de ir, los del sindicato avisaron a toda la prensa.
-Una crónica de emigrantes italianos suena a la saga de 'El padrino'.
-No tiene nada que ver. En 'Tetro' no hay una trama de asesinatos. Es una crónica familiar intimista, pequeñita, con mucha miga. Pero no puedo contar nada, rey.
Memoria y recuerdos
-Si esto le pasa con 20 años se le sube a la cabeza.
-No, porque no hubiera sido consciente de con quién trabajaba. Ahora es peor, porque sé quién es, ja, ja. En la vida te llegan las cosas cuando tienen que llegar. Trabajar con Coppola no significa nada. En cuanto llegue a España me pondré a ensayar una obra con Aitana Sánchez-Gijón. Estaré cuatro meses metidita en el teatro.
-Pero le llegarán ofertas de Hollywood...
-Ya rodando 'Tetro' me venían, pero no me interesa nada de lo que me ofrecen. Todo es para irme a Los Ángeles siete meses, y allí me muero. No me compensa. Mi vida no la marca mi profesión. Esta película la he rodado en mi ciudad favorita del mundo, Buenos Aires, donde estoy rodeada de amigos y tengo mis días libres para irme sola si me da la gana.
-¿No se le ha despertado el instito maternal con el clan Coppola?
-Para nada. Me llevo muy bien con los niños, pero ser madre no figura entre mis planes. Respeto tanto a la gente que tiene hijos como quiero que me respeten a mí. Una mujer no está obligada a tenerlos para sentirse realizada.
-Se considera una curranta nata.
-Mira, hace unos meses recogí la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo en nombre de Rafael Azcona, que ya estaba muy malito. Y cuando vi la gente que estaba allí me di cuenta de que no me la podían dar, ellos sí que se la merecen de verdad. No me enorgullezco de ser tan trabajadora, la vida me ha llevado a serlo. Empecé muy joven, y hubo un momento bastante largo en el que por circunstancias personales tuve que hacer de todo. Después pude elegir. Y ahora sólo hago aquello en lo que creo. Viviría mejor siendo una mercenaria, ganando todo el dinero del mundo. Pero, ¡cómo me voy a la cama por las noches!
-¿Qué es lo último que le ha amargado el día?
-Casi siempre me amarga el día algo injusto. El otro día vi en el canal internacional un reportaje sobre una red de hijos de puta pederastas. El 'nannysex'. Cada vez que viene mi chico me trae revistas y periodicos. Leí una entrevista con Rosa Montero y decía que los pederastas tenían que entrar en la cárcel y no salir en la vida. ¡Y que un hombre aseste a su mujer 26 puñaladas y salga libre a los siete años...! Casi siempre lo que me subleva tiene que ver con la justicia.
-Diga la verdad. ¿Cuántas veces se ha regodeado en casa mirando el Goya?
-Ninguna. De verdad. Para regodearte están la memoria y los recuerdos. Lo que sí he hecho muchas veces es releer los mensajes de texto que me llegaron al móvil aquella noche. No tengo buzón de voz a drede.
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