Los sonidos de Cuba y Andalucía, con un especial protagonismo de la isla caribeña, fueron el eje de la propuesta del miércoles en el Festival de Jazz de Vitoria con la que el productor y guitarra Javier Limón se presentó en Mendizorroza. Una sólida banda, en la que el jefe de filas resultó el instrumentista menos sólido -sus seis cuerdas tuvieron un papel secundario, con poca presencia y calidez-, pero es que la formación contaba con auténticos pesos pesados como Horacio El Negro Hernández, el trompeta Carlitos Sarduy o el bajo Daniel Noel.
Hubo frescura y gusto musical, con ritmo y desenfreno perfectamente controlado. Pero también fue cercano al público un repertorio en el que el pasodoble 'Suspiros de España' o el clásico latino 'El Cumbanchero' resultaban reconocibles casi para cualquiera. Repitió sobre el escenario del festival, como invitada, la cantante Buika, cuyas dotes vocales se mueven en un estrecho margen de recursos, apoyados en el desgarro y en una afinación en ocasiones demasiado al límite, como se pudo apreciar en temas tan populares como la copla 'Ojos verdes' o la mexicana 'Volver'.
La calidad de la primera actuación quedó pronto eclipsada, conla aparición en escena del fenomenal pianista Chucho Valdés. De arranque, un homenaje 'a la cubana' a Ellington -con 'Satin Doll' y 'Caravan'- dio paso al 'Danzón para Chucho', en una versión donde las teclas del Steinway se explayaron muy a gusto.
La batería de Juan Carlos Rojas y las percusiones de Yaroldy Abreu, junto al bajo de Lázaro Rivero, forman una intrincada base rítmica que permiten a Chucho Valdés disfrutar de su virtuosismo pianístico. Y de su gusto por los guiños musicales, como el que lanzó con el conocido 'Birdland'.
Esperando al patriarca
No obstante, el respetable esperaba al patriarca. Cuando, pasados veinte minutos de la medianoche, salió Bebo a escena, le recibieron los rabiosos aplausos de un pabellón puesto en pie. Después de un saludo, en el que presentó «el mejor número del mundo», tocó en solitario 'La paloma' de Iradier.
Con la elegancia de un viejo maestro, al que se perdonan hasta los errores de digitación, el pianista abordó estándares como 'Perdido' o un boogie. También tocó a dúo con su hijo y tuvo a la potente voz de su hija Mayra con 'Bésame mucho', entre otras canciones.
Y, al final, el tema 'Lágrimas negras' supuso el regreso de la banda de Limón. Los dos grupos -con las voces de Buika y de Mayra en claro contraste- convirtieron en toda una fiesta el pabellón vitoriano, incluido un Chucho que bailaba con su hijo más pequeño -añito y medio- en brazos. Fue toda una jam session. Una descarga, que para eso era la noche de Cuba. En cuanto a la cita de anoche, los aficionados disfrutaron de unavelada dedicada a las mujeres en el jazz, con la María Schneider Big Band y, sobre todo, con Cassandra Wilson.