Asunción Casasola, madre de Nagore Laffage, la joven de 20 años de Irún que fue asesinada el pasado día 7 en Pamplona, pide que todo el peso de la justicia caiga sobre el presunto autor del crimen. Con una gran serenidad, Casasola afirma que a su hija la mató «porque no hizo lo que él pretendía». Con su hija recién enterrada, Asunción no sabe si algún día podrá perdonar al autor del crimen. «Creo que no», dice.
-¿Cómo se encuentra?
-Cada día que transcurre estoy más cansada psíquica y físicamente. Pensaba que tenía más fuerzas, pero empiezo a flaquear. Me he mantenido firme, pero desde el pasado martes noto que todo me empieza a pesar demasiado.
-¿Y en casa, su marido y su hijo cómo están?
-Todavía peor. Son personas que no exteriorizan sus sentimientos. Estos días mi madre y mi hermana, como viven en el mismo bloque, comen y cenan con nosotros. Mi hijo me preocupa. Javier tenía una relación especial con Nagore, tenían una gran complicidad. El día de los hechos se habían cruzado unos mensajes.
-¿Cuándo fue la última vez que estuvo con ella?
-Vino a Irún el 25 de junio y estuvo en casa hasta el 28. Eran vísperas de 'sanmarciales'. Tenía que hacerse unas pruebas médicas. Entraba a trabajar en la clínica el día 30. Ya no la vi más con vida.
-Pero sí habló por teléfono.
-Así es, fue el 6 de julio. Me dijo que iba a salir porque el día de San Fermín no tenía que acudir al trabajo. Estaba haciendo prácticas de segundo de Enfermería en el servicio de Oncología en la Clínica Universitaria. Era la única jornada que podía disfrutar de las fiestas de Pamplona. Fue una conversación típica entre una madre y su hija. Le dije que tenía que estudiar un poco más. Nagore tampoco era una chica a la que le gustara mucho salir.
-Los hechos ocurrieron el día 7. ¿Cuándo supo usted lo que había sucedido?
-Al día siguiente. Me llamó la Ertzaintza. Me dijo que habían encontrado una documentación de mi hija y que era mejor que fuera a la comisaría. Cuando llegué, nada más entrar, me dijeron que había aparecido una muerta en un pueblo de Navarra, cerca de Erro, que estaba envuelta en unos plásticos y que había un 95% de probabilidades de que fuese Nagore.
-¿Cómo reaccionó?
-Les dije que no podía ser, que mi hija tenía que estar trabajando. Me puse como una loca. Pero ellos ya habían realizado todas las comprobaciones y sabían que la víctima era Nagore. Fui a Pamplona con mi hermana. Me aconsejaron que no la viera. La identificó mi hermana. Todavía hoy no he asimilado que mi hija ya no está. Mi cabeza sabe que no la volveré a ver, pero mi corazón todavía no lo ha aceptado.
-¿El presunto homicida y Nagore se conocían?
-Es posible que se conocieran, pero sólo de vista. Nagore había hecho prácticas en diferentes servicios de la clínica y no es descartable que ambos hubiesen coincidido en alguna planta o pasillo del centro. Lo que sí sabemos es que el día de los hechos, cuando Nagore y sus amigas regresaban a casa, sobre las seis o siete de la mañana, después de estar de fiesta por la noche, se encontraron con este chico. A Nagore se lo presentaron sus amigas y se pusieron a hablar. Las amigas vieron que mi hija se fue con él.
-¿Qué pudo suceder entre ellos?
-Ambos subieron a casa de él. A partir de ahí, todo son especulaciones. Es posible que el agresor hubiese encandilado a mi hija. ¿Que le pudiese gustar y que por ello se hubiese ido con él?, pues también es factible. Lo que está claro es que la ha matado porque mi hija no hizo lo que él quería. Lo tengo muy claro. Mi hija tenía mucho carácter. Ella iba con quien quería. Si él hubiera intentado algo con Nagore que ella no hubiese querido, mi hija no lo habría dejado pasar.
-¿Qué le diría al homicida?
-Que por qué no la dejó vivir. Sólo tenía veinte años y toda la vida por delante. Si realmente hubiese conocido a Nagore no la habría matado. Ningún ser humano tiene el derecho de segar la vida de otra persona. Yo siempre he dicho que era una persona con mucha suerte, esta vez me ha dado un tremendo mazazo. Lo peor que podía pasar. Estamos preparados para ver morir a nuestros mayores. pero no a nuestros hijos, y menos de esta manera.
-¿Se puede perdonar un crimen así?
-No lo sé, creo que no. Sólo deseo que se haga justicia, que el autor de esta horrenda muerte sea condenado conforme a la gravedad del hecho cometido, a muchos años, que purgue su pena en la cárcel y que jamás ejerza de psiquiatra.