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Sociedad

Educación, Examen de acceso a la Universidad

El Gobierno anuncia una reforma de la prueba que de momento no convence a autonomías ni alumnos

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Pocas reformas educativas han sido en España ajenas a la polémica, y todo parece indicar que la anunciada revisión de las selectividad, la temida prueba a la que se someten los estudiantes que pretenden acceder a la Universidad, llevará el mismo camino que planes y leyes anteriores. Autonomías como la vasca, por ejemplo, ya han anticipado su rechazo a la modificación de los exámanes propusta por el Gabinete Zapatero. Sectores del alumnado, como el Sindicato de Estudiantes, ya han convocado huelgas en otoño contra la reforma. A punto de cumplir 34 años, el ejercicio de «aptitud» se enfrenta además a un futuro incierto. Numerosos expertos se preguntan, incluso, si tiene sentido mantener esta criba en un momento en el que parecen faltar alumnos en las aulas.
La semana pasada la secretaria de Estado de Educación, Eva Almunia, presentó el proyecto de reforma de la selectividad, que se prevé aplicar en 2010. Frente al modelo actual, que consta de cinco pruebas obligatorias (un comentario de texto, un examen escrito de lengua extranjera y la evaluación de conocimientos sobre las materias comunes, de modalidad y optativas de 2º de Bachillerato), más una sexta en las comunidades con lenguas cooficiales, la nueva propuesta se divide en dos fases. La primera, de carácter general, constará de cuatro ejercicios obligatorios: un comentario de texto relacionado con Lengua castellana y Literatura; un ejercicio sobre una de las materias comunes de 2º de Bachillerato (Historia o Filosofía) a elegir por el alumno; la prueba de Lengua extranjera, y, como novedad, un último examen sobre una materia especializada de una de las tres vías por la que pueden optar los estudiantes en Bachillerato (Artes, Ciencias y Tecnología o Humanidades y Ciencias Sociales). Esta primera parte se aprobará con un 5, si bien valdrá el 4 que sirve como corte en la actualidad en el caso de que la nota media del alumno en el Bachillerato sea superior al 6.
La segunda fase será específica y se podrá hacer sólo si se ha superado la primera. Está destinada a los alumnos que deseen subir nota. Versará sobre una o dos de las asignaturas que tengan relación con la carrera a la que se aspira, tendrá forma de test y podrá realizarse tantas veces como se quiera. Además, las universidades podrán señalar materias concretas a las que concederán especial valor para optar a unos determinados estudios, de manera que los alumnos sepan qué asignaturas seleccionar.
Las grandes novedades de este plan son la inclusión de la prueba oral de lengua extranjera prevista para 2012; el amplio abanico de posibilidades de que dispondrá el alumno y el hecho de que las universidades podrán indicar aquellas asignaturas que valorarán más, lo que supondrá una orientación para los estudiantes a la hora de realizar el examen. En el cálculo de la nota final la calificación del Bachillerato tendrá un peso del 60% frente al 40% de la selectividad, estimada esta última con la nota de la fase general más los dos mejores resultados obtenidos en la parte específica. El objetivo de Educación es, según Almunia, adaptar la selectividad «a las exigencias del siglo XXI» y ofrecer una mayor capacidad de elección a los alumnos. «Los jóvenes tendrán una mayor responsabilidad a la hora de decidir la prueba en función de las materias que se les den mejor», añadió la responsable educativa.
«Será más dura»
Las críticas a esta propuesta no se han hecho esperar. El Gobierno vasco denunció que se trata de una «oportunidad perdida para emprender una necesaria y profunda revisión que debería potenciar las competencias de los alumnos y no el aspecto meramente memorístico». Además -añaden desde el Ejecutivo autónomo-, «se deberían introducir exámenes específicos por parte de cada institución académica» para lograr una mejor adecuación entre las elecciones de los jóvenes y las necesidades de la sociedad.
El Sindicato de Estudiantes, que ya ha anunciado la convocatoria de una huelga para octubre, también ha mostrado su disconformidad con el proyecto por suponer «un endurecimiento de la prueba de acceso y por abrir las puertas para que sean las universidades las que seleccionen al alumnado». La introducción de la prueba oral de idioma, la subida al '5' de la calificación para aprobar y la devaluación del Bachillerato con la posibilidad de elevar la nota con la fase específica del examen son otros de los puntos criticados por los estudiantes.
Casi tres décadas y media después de su implantación, el examen de selectividad se enfrentará en los próximos meses a su propia reválida. Su origen estuvo ligado al aluvión de estudiantes que deseaban acceder a la educación superior en los años setenta y ochenta, que superaban las posibilidadesdel sistema. Pero la realidad actual es muy distinta. Las aulas universitarias «están vacías», señalan algunos expertos, mientras la Formación Profesional ofrece un acceso casi garantizado al mercado laboral. Dos realidades muy distintas con caminos bien diferentes.
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