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25.07.08 -

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A demás de por el sueldo, el horario y las vacaciones, al señor de Recursos Humanos pronto habrá que preguntarle por un asunto extra: «Oiga, perdone, una cosa más: ¿en este trabajo a uno le agreden mucho o poco?». Aumenta la sensación de que la gente está demasiado tensa últimamente. Los jóvenes pegan a los profesores e insultan a sus propios padres. Los enfermos insultan a las enfermeras y pegan a los celadores. Los viajeros pegan e insultan a los taxistas, también a los chóferes de autobús. Incluso los repartidores de pizzas están comenzando a cogerle miedo a la clientela. Los expertos miran a cámara, titubean y nos dicen que la culpa es de los videojuegos. Tenemos la sensación de que nadie está agrediendo a los expertos. Probablemente, es sólo cuestión de tiempo.
No deja de ser irónico que la mayoría de los que sufren la furia del prójimo trabajen precisamente ayudando al prójimo. Hasta que se demuestre lo contrario, médicos, maestros y pizzeros son nuestros amigos, gente que se preocupa por nosotros y desea nuestro bien. Además de una grosería, maltratar a quien nos presta un servicio es una pésima estrategia. Pero parece que a nuestro alrededor abundan los estrategas que razonan con los nudillos. Ahora sabemos que 19 trabajadores sociales del Ayuntamiento han sufrido alguna agresión en lo que va de año. En ninguno de estos casos se ha llegado a las manos, pero sí ha habido amenazas, insultos y amagos boxísticos. Excesos que no entran en el sueldo de quienes probablemente están familiarizados con situaciones desagradables y no se quejan por vicio.
El Ayuntamiento va a reforzar la seguridad de sus empleados y eso está bien. Basta con echar un vistazo a nuestro glorioso pasado como especie para desechar la idea de que vivimos en una época especialmente violenta. Ocurre más bien todo lo contrario. Sin embargo, sí parece que poco a poco aumenta entre nosotros el número de gente que tarda dos segundos en pasar del modo 'ciudadano' al de 'neandertal frustrado'. Llegado ese momento, cuando Mr. Hyde comienza a romper cosas, conviene que los trabajadores del común den un paso atrás y dejen a los guardias que se ocupen.
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