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Athletic Campeón del Morocco Summer Cup

26.07.08 -

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El Athletic bailó anoche bajo el manto estrellado de Casablanca. Fue una danza preciosa, llena de equilibrio y control, que dejó coloradas las mejillas del Udinese. A los rojiblancos les bastaron 45 minutos para noquear a la escuadra italiana y llevarse la final del Morocco Summer Cup. Lo hicieron con suficiencia, sin apenas sufrimiento, con las ideas claras y un juego que durante la primera parte mereció la definición de 'fútbol total'. Luego levantaron el pie del acelerador, conscientes de que la victoria era suya. Los transalpinos empujaron, achucharon, pero ni siquiera lograron dejar una abolladura en el escudo protector bilbaíno.
Tras tres amistosos de perfil medio-bajo -San Roque, Ayamonte y FAR-, la cita ante el Udinese era el primer compromiso serio de la pretemporada. Un equipo italiano es sinónimo de incordio, complicado y monolítico, por lo que el Athletic puso a prueba su músculo cultivado en Isla Canela para contener el fútbol directo y de contacto que estila la escuadra dirigida por Marino Pasquale. Fueron un juguete roto en las zarpas del león.
Los jugadores del Athletic querían al Udinese en la final. Por nombre, por la buena campaña que completaron los italianos la temporada pasada y porque necesitaban una inyección de adrenalina en forma de un Primera para competir con nervio. Joaquín Caparrós no había enseñado nada desde que el equipo aterrizase en Casablanca. El único precedente manejable fue el 'once' que sacó contra los marroquíes del FAR. Pues bien, no sirvió de nada.
El técnico andaluz agitó la coctelera de los cambios en el Mohammed V y modificó el dibujo. Pasó de jugar con el 4-2-3-1 y optó por el clásico 4-4-2, con Yeste en la banda izquierda y Etxeberria y Aduriz en ataque. El mensaje estaba claro: buscar un poco más de mordiente arriba y ahogar la verticalidad italiana, sin renunciar a la creación, con Gurpegui y Javi Martínez en el centro de las operaciones rojiblancas. Dos pulmones de contención. Pero la mayor sorpresa no fue la táctica ni la suplencia de Llorente, que se ganó un merecido descanso, sino la inclusión de Murillo en el 'once' inicial en detrimento de Iraola.
El Athletic abrió el manual de buen fútbol y empezó a dar clase al Udinese. Daba gusto ver a los rojiblancos hilvanar un juego alegre, bello por momentos. Las piezas estaban en su sitio, encajaban, y las transmisión de las ideas se sincronizaba con los movimientos. Los italianos, por contra, deambulaban por el campo y enviaban melones aéreos a Flores y Pinzi, más interesados en dar patadas que en hacerse con el esférico. Era un conjunto que avanzaba como los equipos del fútbol americano, yarda a yarda, con la pesadez de un tanque.
De ensueño
Todo lo contrario que el Athletic. Sabía lo que quería, cómo lo quería y cuándo lo quería. Carro de combate ágil y letal. Etxeberria y Aduriz presionaban la salida del balón y el Udinese se veía abocado al patadón. Y entonces llegó la primera genialidad de la noche. Susaeta se hizo con el balón y bailó un bolero, plástico y eficaz. Trazó la diagonal, hacia dentro, sentó a Morero, quebró al serbio Basta y batió por arriba a Handanovic. Golazo.
El Athletic se adelantó en el marcador, pero no se secó su ambición. Gurpegui y Javi Martínez se merendaron al centro del campo rival y lo robaron casi todo. A falta de cinco minutos para terminar la primera mitad, Yeste sacó con clase un córner y localizó la testa del guerrillero de Andosilla. 2-0. De nuevo futbolista. Miró al cielo y lo celebró con ganas. Había vuelto. Los italianos andaban con las dos cejas abiertas y, al filo del descanso, también empezaron a sangrar por la nariz. Koikili -expulsado al final del encuentro- puso un centro desde la izquierda y Aduriz envió el esférico a la red. Tres cuartos de hora de ensueño.
Tras un buen rapapolvo en el vestuario, el Udinese salió enrabietado en la reanudación. La tuvo Pasquale nada más empezar, pero Iraizoz respondió con un paradón. Está en forma el navarro. El Athletic supo encerrarse cuando hizo falta, y no pasó demasiados apuros. Caparrós quitó a Yeste y Susaeta para dar minutos a Gabilondo y David López. Dio descanso a Javi Martínez -metió a Garmendia- y mediada la segunda mitad retiró a Etxeberria para rodar a Toquero. Tras la salida en tromba de los italianos, las aguas volvieron a su cauce. Los rojiblancos demostraron que también saben controlar los tiempos. Llevaron el partido a su terreno para conquistar Casablanca con todo merecimiento.
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