Benjamín Atutxa responde al teléfono con entereza. En caliente. Sin tiempo para pensar. Como si fuera el centro de una historia banal. No lo es. Protagoniza un relato sombrío, con un argumento ya conocido en Euskadi. La misma presentación pero, por fortuna, distinto nudo y desenlace. Faltan diez minutos para las dos de la tarde. Apenas media hora antes, un compañero del Partido Socialista le ha informado de que su nombre era el que barajaba ETA para repetir un secuestro similar al de Miguel Ángel Blanco. Un chantaje. Raptarle, exigir al Gobierno una contrapartida imposible de cumplir y asesinarle. La misma macabra obra que se representó el mes de julio de 1997. En el fondo, los mismos protagonistas y el mismo escenario: dos anónimos concejales de dos localidades unidas por una sucesión de polígonos y pequeños talleres.
Sus núcleos urbanos están separados por apenas un par de kilómetros. Los mismos que a diario recorría en tren Blanco, secuestrado cuando salía de la estación de Unzaga, situada a menos de cien metros de la trasera del Ayuntamiento de Eibar, donde trabaja Atutxa desde 2003.
Nacido en la localidad vizcaína de Bedia hace 57 años, se instaló en la villa guipuzcoana hace casi tres décadas, tras casarse con una eibarresa. Padre de una hija de 23 años, no vive de la política. Euskaldún -es su lengua materna-, es profesor de instituto y director del Berritzegune -centro de orientación pedagógica dependiente del Gobierno vasco- para las comarcas del Alto y Bajo Deba.
Ligado al mundo de la educación, arribó a la política de la mano del anterior alcalde de Eibar, Iñaki Arriola, hoy líder de los socialistas guipuzcoanos. Llegó al Ayuntamiento en 2003, como independiente en la lista del PSE. En las elecciones de 2007 volvió a salir elegido concejal. Para entonces ya se había afiliado al partido. Dio el paso hace cuatro años, como respuesta a un atentado de ETA. En la actualidad se encargaba de gestionar la cartera de Asuntos Sociales.
De vacaciones lejos del municipio y rodeado por sus allegados, intenta digerir la noticia. Lo que pudo haber sido. «Esto es un problemón, pero lo asumiremos y seguiremos adelante». Consciente del riesgo que supone ser concejal socialista en Euskadi, teme por su familia, por su reacción, por cómo lo asumirán. «Son los que peor asimilan este tipo de cosas», resume con aparente tranquilidad.
Mas que inquietud, Atutxa muestra sorpresa. Incredulidad porque los terroristas quisiesen repetir el mismo esquema que perpetraron con Blanco. «No lo entiendo, pensé que lo de Miguel Ángel iba a ser irrepetible, después del rechazo que provocó, del daño que les causó; no lo entiendo...». Intenta desentrañar por qué le eligieron a él. No frecuenta Ezcaray -la zona donde el 'comando Vizcaya' tenía su principal infraestructura-, pero vive en Eibar, no muy lejos de Mondragón, donde mataron a Isaías Carrasco. A poco más de 20 minutos de Elorrio, donde residían varios miembros del 'talde'. Zona caliente.
Sin escolta
Recuerda que durante el alto el fuego bajó la guardia. Prescindió de la escolta. Lo hicieron otros muchos que ansiaban dejar atrás a su sombra. La dirección del PSE les aconsejó que no lo hicieran, pero todos querían normalidad. Quizá alguien se dio cuenta, descubrió que Benjamín tomaba los potes con su cuadrilla sin protección, que, llegado el caso, era un objetivo sencillo. Como Miguel Ángel. Y aquellos datos viajaron. La ruptura del alto el fuego -junio de 2007- devolvió a Atutxa a su normalidad. Al escolta. Y cuando a finales del año pasado fueron a por él, se dieron cuenta de que ya no resultaba un blanco fácil.
Ahora quiere que su vida no cambie más. Complicado. Horas después le llamó Zapatero. El presidente dijo sentirse «emocionado» por la «serenidad» y palabras de responsabilidad del concejal, que son el «mejor ejemplo de las convicciones profundas en favor de la libertad». En medio del temporal, Benjamín Atutxa se disculpa ante el periodista: «Gracias por su interés, pero, si no le importa, prefiero no hablar más». Amante de la montaña, de las travesías pirenáicas, intentará volver a su rutinas. A correr alrededor de la cercana presa de Aixola. Como siempre. Con sus escoltas.