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ECONOMÍA

El país asiático se suma a la evolución económica de China tras convertirse en un atractivo destino para la inversión extranjera y refugio de quienes temen por la estabilidad de su gigante vecino
27.07.08 -

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No es la ofensiva del Tet, pero el espíritu es el mismo. Vietnam ha dejado las armas de fuego para disparar los misiles de la era de la globalización: multilocalización, mercado de valores, inversión extranjera directa, privatización... Tres décadas después de vencer a Estados Unidos en el terreno militar, el país de Ho Chi Minh abraza el sistema de su antiguo adversario para combatir el hambre y la pobreza. Y, hasta ahora, los resultados son asombrosos. Una década de crecimiento sostenido cercano al 9% ha llevado un rayo de esperanza a la población, emprendedora por naturaleza. Como en la vecina China, las barreras del estalinismo caen para abrir las puertas al mundo. Y éste no se lo piensa dos veces. Vietnam se ha convertido en el caramelo del sudeste asiático que todos quieren chupar. O casi todos. España, como de costumbre, reacciona tarde.
Sin embargo, el fantasma del sobrecalentamiento económico ya hace su aparición, y actualmente Vietnam sufre una de las peores crisis desde que comenzaron las reformas económicas en la década de 1980. La inflación se ha disparado hasta el 25%, la liquidez comienza a ser un problema, y la coyuntura global ha hecho que el crecimiento vaya a desplomarse este año, según las proyecciones, unos dos puntos. Afortunadamente, la mayoría de los analistas considera que se trata sólo de un bache en un camino prometedor.
Y es que las estadísticas de la última década no pueden ser más halagüeñas. La suma de importaciones y exportaciones llega al 160% del Producto Interior Bruto, muestra del dinamismo económico de un país que hace sólo tres décadas estaba en ruinas, mientras que la deuda externa se mantiene en un razonable 43%. Las exportaciones, entre las que destaca el petróleo, las textiles, el arroz y el café, superan los mil millones de dólares, y aumentaron en 2007 un espectacular 20%. La inversión extranjera directa (IED) superó los 5.000 millones de dólares (más que la de China e India por habitante), y Vietnam podría convertirse en el sexto destino mundial de capitales a finales de este año.
Revolución económica
Además, no sólo los indicadores macroeconómicos llevan al optimismo. La calidad de vida de los vietnamitas ha aumentado de forma considerable. Hace siete años los mendigos eran legión y los automóviles un bien escaso. Ahora el número de los primeros ha descendido de forma drástica mientras que parece que los 87 millones de habitantes se han subido sobre dos o cuatro ruedas. Casi el total de la población está alfabetizada y el 94% cuenta con electricidad, el doble que hace diez años. Y también se ha duplicado la renta per capita, que alcanzó en 2007 los 2.000 euros. Sin duda, ahora ya no parece una utopía el objetivo planteado por el Gobierno de convertir a Vietnam en un país de ingresos medios en 2010.
Desde que el año pasado ingresó en la Organización Mundial del Comercio, Vietnam se ha convertido en el destino de aquellas empresas cuya estrategia asiática responde al sistema 'China más uno', la fórmula con la que las multinacionales se cubren las espaldas ante la posibilidad de problemas graves en el gigante asiático. Vietnam cuenta con una mano de obra más barata que la china, y la cualificación en muchos aspectos es superior, lo cual ha llevado a que algunas compañías opten por el país de Ho Chi Minh como primera opción. Y, curiosamente, las empresas de alta tecnología han puesto sus ojos en Vietnam, también como apoyo a India.
Si nada se tuerce, la productora de microprocesadores Intel abrirá cerca de la capital, Hanoi, una nueva planta de mil millones de dólares. A ella se unirán diseñadores de software y puede que algún fabricante de ordenadores taiwanés. Todos ellos han convertido la carretera que une Hanoi y Haiphong, en el noreste, en una de las principales concentraciones de pabellones industriales. Hace siete años, las márgenes de la autopista eran verdes, y la actividad se reducía a la de los búfalos que retozaban en los arrozales.
La agricultura vive también una pequeña revolución, y el país se ha convertido en uno de los principales exportadores de arroz del mundo, cuando hace treinta años la población se enfrentaba al hambre. Incluso hace sombra a Brasil en la producción de café.
Corazón emprendedor
La razón de esta efervescencia sin duda no se encuentra en el seno de Partido Comunista, sino en el corazón emprendedor de una población ávida de éxito. Según datos oficiales, el año pasado las empresas públicas crecieron un 9,4% en su conjunto, mientras que las compañías privadas dieron un salto del 20%. Como sucede con el Gran Dragón, Vietnam ha reorientado su camino y la libertad comienza a fluir.
Huang Min Tong, un joven empresario que ha abierto una pequeña piscifactoria en Haiphong, es un buen ejemplo de los cambios vividos por Vietnam. En el último ejercicio ha facturado casi 20.000 euros, diez veces su inversión inicial. Un resultado tan positivo, eso sí, le ha llegado tras duro esfuerzo, y años de pérdidas «en gran parte por la corrupción y las trabas administrativas». Sin embargo, le ha llegado su hora, y ahora asegura que su país está viviendo un milagro. «Antes sólo teníamos dos opciones: labrar el campo por sueldos míseros, o trabajar en las compañías estatales en condiciones pésimas. Ahora podemos abrir nuestros propios negocios y hacer bien las cosas, y no vamos a desaprovechar esta oportunidad».
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