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Vizcaya

27.07.08 -

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La crítica de arte Miren Jaio conoce muy bien Urdaibai ya que es de Bermeo, uno de los municipios de Busturialdea en el que también se hará sentir el efecto Guggenheim. En la actualidad trabaja como comisaria de la exposición 'Gure Artea' que el Gobierno vasco convoca cada dos años para la promoción de las artes plásticas y visuales. Desde que conoció la noticia a través de los medios de comunicación, lo tiene muy claro: «la comunidad artística del País Vasco lo primero que pensó es que se trataba de un chiste, un 'petardazo' mediático. Se diría que la finalidad del proyecto es sacar rentabilidad política. Se ha lanzado a los titulares una idea sin diseñar antes que un contenido cultural real, con garantías de que pueda perdurar en el tiempo», criticó.
En su opinión, Urdaibai ya tiene un atractivo turístico. «Pretender relanzar la imagen de una comarca recurriendo al binomio arte y paisaje maravilloso no tiene interés y hasta cierto punto es perversa», manifestó. Jaio considera que ya existen suficientes infraestructuras culturales en Euskadi para la exposición y el desarrollo de las prácticas artísticas contemporáneas, como el centro cultural Arteleku, Artium, Montehermoso, Krea, salas Rekalde o Bilboarte, entre otros. Considera que el problema radica en que se implique más a artistas y comisarios en el diseño de las políticas culturales que posibiliten redes de trabajo entre los diferentes agentes del mundo del arte. «Antes de decidir el continente, hay que diseñar su contenido».
«Primero habría que pensar en el qué, a quién, cómo, por qué y para qué, y luego ya veremos si es necesario adquirir como contenedor de esas ideas un caserío en Urdaibai, una borda en el Gorbea o un pabellón industrial en Lutxana. Pero, en este caso, antes de impulsar y comprender las iniciativas del colectivo de artistas se está dando más importancia al enclave en el que se apoyará la sucursal museística», destacó.
Miren Jaio advierte también de los peligros que conlleva la privatización de la cultura pública y pone en cuestión que el efecto Guggenheim Bilbao perdure en el tiempo. «Es cierto que se habla de ese término en todo el mundo, pero una vez que la fiebre alcanza su cota más alta, es difícil superar el efecto sorpresa y mantener el interés. A pesar de los datos alentadores, son muchos los que vaticinan el declive económico del museo».
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