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TRAGEDIA EN LOS PIRINEOS

Miembros de Cruz Roja alpina destacan la simpatía de Iban Ozamiz, muerto el sábado cuando practicaba barranquismo

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«Era el primero en ayudar al que más lo necesitaba»
Ozamiz desciende por una pared del monte Mugarra, en Durango.
«Su principal cualidad era que, aunque le conocieses desde hacía poco, te parecía un amigo de toda la vida». Así define 'Nando', responsable del Grupo de Rescate de Montaña de Cruz Roja de Uribealdea a Iban Ozamiz, el joven barranquista que falleció el sábado cuando practicaba este deporte en Laruns, en los Pirineos Atlánticos. Ozamiz había quedado con tres amigos para descender el cañón de 'Valentín'; intentó superar una cascada haciendo rappel, pero cayó a una poza y un remolino le arrastró hacia el fondo.
'Nando' recuerda que el joven de 34 años, vecino de Mungia, ingresó «como voluntario en Cruz Roja alpina en el año 2005». En realidad contactaron con él a través de la web de montañeros 'www.mendiak.net'. «Era un gran aficionado que ya hacía muchas cosas y al que conocimos a través del foro. Siempre se apuntaba a las 'quedadas' de la página mendiak», comenta otro amigo de Ozamiz que prefiere mantenerse en el anonimato. Él recuerda que «le gustaban las bajada de cañones, la escalada, la espeleología y otros deportes como el mountain-bike».
A Rusia en agosto
Otras facetas destacables de Ozamiz eran su solidaridad y su afán de ayudar a los demás. Ingresó en Cruz Roja al cumplir el servicio militar obligatorio, cuando tenía sólo 18 años. Entonces pasó a formar parte de la base de Mungia, en ambulancias, y allí se quedó hasta hace tres años. Fue al reducirse la actividad de este puesto, cuando optó por integrarse en la sección de rescate alpino, según recuerdan sus amigos. Así hacía lo que deseaba: ayudar a los demás practicando su deporte preferido.
Este grupo cuenta con 37 voluntarios en la base de Arriluze, en Getxo. Allí se hizo amigo de todos sus compañeros. «Muchas veces aprovechábamos para irnos por ahí. Hemos hecho infinidad de barrancos juntos y siempre practicábamos deportes con él. Para este mes de agosto teníamos un plan para ir a Rusia, a escalar el Elbrus, el monte más alto de Europa».
Para ascender a la cima era todo un perfeccionista. «Era detallista y metódico. Le gustaba mirarlo todo sobre las zonas a las que íbamos, los accesos, caminos...y siempre llevaba material de sobra, por si acaso». Integrado a la perfección en el grupo de rescate, contagiaba su simpatía a los demás. «Siempre conoces a gente nueva en esto. Él era el primero que se presentaba, el primero dispuesto a enseñar al que menos sabía y a apoyarle», puntualiza 'Nando'».
Sus compañeros saben que lo sucedido en Francia es la cruda realidad de una peripecia vital demasiado corta, algo que sus compañeros aún no han logrado asumir. «Nos enteramos el domingo y lo confirmamos por 'elcorreodigital'. Aunque el porcentaje de accidentes en estas actividades es alto, te cuesta entender lo ocurrido. Estás todavía en una nube y nos das crédito a lo que ha sucedido», concluye 'Nando'.
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