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Sociedad

COSTUMBRES ASCENTRALES

La asociación vascofrancesa 'Itsas Begia' navegará estos días por la antigua ruta que proveía a las ferrerías europeas del mineral de las Encartaciones

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La ruta del hierro
Los tripulantes del 'Brokoa' se preparan para el viaje. / JORDI ALEMANY
Hace ya casi dos siglos que las ferrerías vascas abandonaron su actividad, y con ellas fueron desapareciendo del litoral cantábrico las típicas embarcaciones que transportaban el mineral necesario para su funcionamiento. Mediante la navegación de cabotaje, estos barcos abastecían de hierro vizcaíno a distintos puertos. Pero no han terminado de caer en el olvido y, gracias a asociaciones como Itsas Begia, algunas tradiciones se recuperan. Ayer se puso en marcha una iniciativa que recreará durante cinco días la ruta que estos barcos realizaban en verano.
Con este propósito fue aparejado en la Ría del Nervión el 'Brokoa', una fidedigna reproducción en madera, de trece metros de eslora, de los antiguos barcos de dos mástiles impulsados por velas al tercio y remos para suplir a fuerza de brazos las encalmadas. La iniciativa parte de un estudio del historiador vasco Gonzalo Dúo, quien, «harto de que la mayoría de mis estudios los leyeran sólo colegas de profesión, quise ir más allá y llevarlos a la práctica».
La tripulación zarpará hoy desde Plentzia rumbo al monasterio de San Salvador de Urdax, situado a 27 kilómetros de San Juan de Luz. Emulando las singladuras que veleros similares hacían en el siglo XIX, pararán en un puerto cada noche -Bermeo, Zumaia, San Sebastián- antes de llegar a San Juan de Luz.
El 'Brokoa' tuvo que ser desarbolado ayer para remontar la Ría de Bilbao hasta el puente de San Antón, donde cargó una cantidad simbólica de hierro como el que antiguamente se extraía de las minas de Somorrostro. Horas más tarde llegaba a Portugalete, donde los tripulantes escenificaron cómo se pagaba el impuesto del hierro al Señorío de Vizcaya en el siglo XIV. Aunque los marineros de aquella época solían dormir en el propio barco, el capitán y su tripulación dejaron la nave amarrada en el puerto de Plentzia.
No es casualidad que zarpen en estas fechas. Gonzalo Dúo, coordinador del proyecto, explica que «estos barcos en invierno se dedicaban a la pesca a anzuelo de la merluza y el besugo, mientras que en verano se empleaban en navegación de cabotaje. Sólo podían transportar mineral a otros puertos en agosto, después de abastecer obligatoriamente al Señorío de Vizcaya».
Aunque los tripulantes del 'Brokoa' no tienen las mismas dificultades que los marineros de esa época, no hay que quitarles mérito. La nave no cuenta con motor, y sólo puede navegar a vela con viento favorable, para no tener que hacer uso de los remos. El capitán, Jean Paul Labarêre, que hace dos años lo llevó desde Bretaña a Sokoa, comentaba ayer que «el barco sólo puede navegar de día. Además, necesita mucha fuerza: hacen falta diez tripulantes para izar las velas, porque no hay poleas a bordo».
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