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Vizcaya

Marginalidad, Adolescentes y drogas

Los servicios sociales detectan un incremento de jóvenes inmigrantes 'sin techo' que inhalan cola o pegamento como forma barata de 'colocarse'
31.07.08 -

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Los 'niños de la calle' esnifan disolvente
Un joven sorprendido inhalando disolvente reacciona con agresividad. / LUIS CALABOR
Impregnan un calcetín o incluso el puño de la camiseta con disolvente, cola o pegamento que han comprado en ferreterías o robado en peluquerías y lo inhalan para 'colocarse'. «La calle es dura, mata. Lo hacen para evadirse, para ellos es la única forma de sobrevivir», explica Enrique Ordiales, director de la asociación Lagun Artean, que acoge a personas 'sin hogar' desde que se fundó en 1983. Son los 'niños de la calle', que hasta hace poco tiempo eran desconocidos en Bilbao. Se trata en su mayoría de «jóvenes inmigrantes magrebíes que llegan huyendo de su país, algunos en busca de la aventura», indica Ordiales.
En su memoria de 2007, Lagun Artean ha detectado un «aumento en el centro de los usuarios fumadores de hachís y esnifadores de colas y pegamentos». Mientras disminuye hasta un 50% el número de toxicómanos atendidos en los pisos, y prácticamente desaparece el perfil del heroinómano, surgen otro tipo de consumos como las politoxicomanías o los 'pastilleros'.
Lo que probablemente desconocen estos chicos, algunos de ellos menores, es que el simple gesto de inhalar disolvente de manera reiterativa a lo largo del tiempo puede provocarles daños irreparables. «En diez años les generan problemas mentales, esquizofrenía... e inadaptación a una vida normalizada», apunta el responsable de Lagun Artean, que trata de ofrecerles «formación, tutoría y apoyo para que se enganchen a un proceso de inserción».
Antes de llegar a los servicios sociales, estos chicos pululan por la calle. En algunas épocas se les podía ver en la plaza de Unamuno, en pleno corazón del Casco Viejo, o en la calle San Francisco y alrededores, entre otros puntos de la ciudad. Buscan evadirse de una realidad que les supera con la ingesta de estas sustancias, baratas y de fácil acceso, pero que les destroza por dentro y les vuelve seres agresivos y violentos.
«Es un hidracaburo que se absorbe por inhalación; la vía respiratoria es la forma más rápida de que pase a la sangre y al cerebro. Les provoca euforia, alucinaciones, desorientación, y al cabo de un rato se marean, se duermen...», señala el doctor Santiago Mintegi, jefe de Urgencias de Pediatría del hospital de Cruces, que atiende a jóvenes de hasta 14 años. Mintegi ha participado recientemente en la elaboración de un estudio sobre adolescentes, alcohol y drogas ilegales. «El consumo agudo y crónico (de pegamento) provoca un daño en el sistema nervioso central que puede hacer perder las funciones cognitivas y de coordinación; en definitiva, puede conllevar alteraciones motoras, que al fin y al cabo es lo que nos hace humanos».
Un problema social
En estos últimos años, Lagun Artean ha observado una evolución en este fenómeno inmigratorio. «Antes venía gente de la calle, de Tánger, que también allí malvivían, pero ahora percibimos un envío familiar. En algunos casos son los propios padres los que mandan a sus hijos en busca de un mejor futuro para sí mismos y también para que les envíen dinero», apunta Enrique Ordiales. Algunos lo logran. Con la ayuda de instituciones como la Diputación, consiguen un permiso de trabajo que les permite ayudar a la manutención de sus familias en África, pero otros muchos terminan hundidos en la marginalidad.
«Es un problema social. La inhalación de pegamento o cola no es más que la consecuencia de todo lo que les pasa», opina el doctor Mintegi. A su juicio, la sociedad vizcaína debería realizar «una reflexión sobre el ocio de los adolescentes y su falta de objetivos». Las intoxicaciones por ingesta de disolvente, rara vez terminan en las urgencias de un hospital, pero sí llegan los comas etílicos. La Ertzaintza ha llevado a Cruces a chicos de 12 años inconscientes después de haber bebido grandes cantidades de alcohol, hasta «18 tequilas» o incluso «metadona».
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