En plena polémica entre PNV y EA por el posicionamiento del partido de Unai Ziarreta a favor de la celebración de la consulta por encima de las resoluciones judiciales, Javier Madrazo se pronuncia con claridad al respecto y admite que si el Constitucional prohíbe el plebiscito, sencillamente no habrá cita con las urnas el 25 de octubre. Aunque evita cuidadosamente azuzar la imagen de un tripartito a la greña, el líder de EB se alinea con el PNV en un asunto que Ibarretxe, hasta la fecha, ha eludido aclarar. Eso sí, insiste en que al lehendakari y al tripartito no se les ha acabado el crédito.
-¿Hasta qué punto está revuelto el tripartito por la consulta?
-Es normal que haya acentos distintos, hay que verlo con normalidad y no sacarlo de contexto. Compartimos lo fundamental: un proyecto común en el que tenemos una sintonía fuera de toda duda. En estos siete años ha habido muchos intentos desde fuera de dividir al tripartito, pero han fracasado. Hoy el tripartito está más vivo que nunca.
-Las últimas declaraciones de Iñigo Urkullu no abonan esa tesis. Para él no es de recibo que EA gestione Justicia y a la vez cuestione el acatamiento de la ley. ¿Para usted?
-No quiero entrar en polémicas que sólo alimentan esa división que otros pretenden. Desde EB defenderemos la celebración de la consulta, pero al mismo tiempo acataremos las decisiones de los tribunales aunque no las compartamos. El respeto a la legalidad no está reñido con posiciones de firmeza democrática.
-Entonces, ¿le incomoda la insistencia de Unai Ziarreta en celebrar la consulta a pesar de las prohibiciones?
-No, no me molesta. Cada uno es libre de hacer las declaraciones que estime oportunas, pero la sociedad tiene clara la posición del Gobierno vasco. En eso no hay ninguna duda.
-Perdone, pero alguna duda cabe. Los socios sostienen cosas distintas, Ibarretxe guarda silencio... ¿Podría usted aclararlo?
-El Gobierno vasco va a actuar siempre desde el respeto a la legalidad. Si hay una prohibición de la consulta del 25 de octubre, evidentemente no se podrá celebrar. Lo cual no significa que no defendamos esta iniciativa en todos los planos: social, político, institucional y judicial. En todo caso será una victoría pírrica: más pronto que tarde la consulta se celebrará, porque los nuevos tiempos caminan hacia la profundización democrática. El derecho a decidir no se agota con esta consulta, sino que se abre la puerta a otras sobre infraestructuras, energía, incineradoras, alta velocidad...
-Si se prohíbe, ¿de qué manera podría convocarse más tarde?
-Las cosas cambiarán, habrá nuevas circunstancias y situaciones. No hay razones legales de peso para invalidar una consulta que, por cierto, no pretende sustraer competencias a nadie, sino falta de voluntad política. Lo más sorprendente es que el Gobierno y el PSOE han escuchado a ETA y se niegan a escuchar a la sociedad vasca. Ése es el asunto de fondo y es una contradicción terrible. Tienen un esquema vigente en los últimos treinta años, desde Argel, según el cual la paz y la normalización dependen de un diálogo entre el Gobierno español y ETA.
-Todos los Gobiernos lo han hecho.
-El PSOE no se da cuenta de que no sólo es un modelo fracasado sino antidemocrático. Primero, porque ETA no es interlocutor para cuestiones políticas y, segundo, porque la paz con ETA hay que negociarla sobre la base de un cese de la violencia, y el PSOE lo ha hecho incluso después de los asesinatos de la T-4. El PSOE no tiene claras esas dos premisas básicas y está esperando nuevas condiciones para volver a reproducir el modelo de negociación política con ETA. Es inadmisible. Quien debe impulsar el proceso de paz es la sociedad vasca y los partidos vascos.
-¿Ésa es, a su juicio, la razón para vetar la consulta?
-Lo que sucede en el fondo es que ni el mundo de ETA ni el del PSOE quieren dejar el protagonismo del proceso de paz en manos del Gobierno vasco y de la sociedad vasca; por eso torpedean cualquier intento.
-¿Cuando habla de nuevas circunstancias no está pensando usted también en una hipotética tregua?
-No. Estoy pensando en dinámicas de participación ciudadana que se están dando ya en otros países de Europa. Estoy pensando en que la argumentación jurídica contra la consulta es muy débil. Hablamos también de nuevas correlaciones políticas que surgirán en las próximas elecciones vascas, que espero consoliden las posiciones de quienes defendemos escuchar a la sociedad. Y también un Gobierno del Estado en minoría, cada vez más débil, que va a necesitar apoyos y alianzas que harán que tenga que modificar sus posiciones sobre la cuestión vasca y la catalana.
-Suena muy optimista su discurso, pero las encuestas pronostican un empate técnico entre el PNV y el PSE.
-Nunca me he fiado de las encuestas. Confío en la sociedad vasca. He visto como se ha comportado en las dos últimas autonómicas y a eso me remito. Esta sociedad tiene claro que apuesta por la no violencia y el diálogo. Los socialistas no se dan cuenta de que su voto, en general, es prestado y viven en la euforia.
«Poca ambición» del PSE
-Entonces, ve usted futuro al tripartito, pese a que, de entrada, sólo muestra fisuras. Urkullu hasta pone en entredicho su voluntad de ir en coalición con EA, algo inédito.
-El tripartito tiene pasado, presente y futuro. Lo que pase dependerá de los resultados electorales y de que se pacte un buen programa. EB no está en un Gobierno en función de siglas, sólo si hay un buen programa que profundice en políticas sociales de izquierda. Ésa será la clave de la presencia de EB en el Gobierno; en éste o en cualquiera.
-¿Hay entonces alguna posibilidad de que cambie de aliados y apoye un hipotético Gobierno de Patxi López?
-Todo dependerá de los programas. Pero vemos al PSE con poca ambición social y con pocos compromisos concretos para avanzar en la paz y la normalización. Sobre esas bases es muy difícil pensar en una alternativa de gobierno liderada por el PSE. Lo que ellos ambicionan es tener como aliado al PP, sea de forma estable o como apoyo externo. Montilla, por ejemplo, mantiene una confrontación con el Estado en defensa del autogobierno catalán, pero López actúa como el delegado del Gobierno de Madrid. Él sí que está desaparecido. Fuera de cobertura y sin batería. El Estatuto está incumplido y no le oigo levantar la voz.
-Así que no verían como un trauma pasar a la oposición.
-(Sonríe) No. Estamos más acostumbrados a estar en la oposición que en el Gobierno. No estamos por estar, no nos preocupa alcanzar el poder por el mero hecho de alcanzarlo, sino para transformar.
-Tampoco es que el lehendakari se prodigue mucho últimamente.
-También tiene derecho a tomarse unos días de vacaciones... No lo comparto: veo al Gobierno vasco con iniciativa. Nuestro departamento es ejemplar en eso, hay muchas propuestas para mejorar la calidad de vida y la justicia social que todavía pretendemos llevar adelante. Por eso queremos agotar la legislatura.
-¿Confía en ello?
-No lo sé, esa decisión compete al lehendakari, pero lo normal es agotarla. El Gobierno vasco está en una fase muy creativa.
-¿Le queda cuerda política para rato a Ibarretxe, según su opinión?
-Acaba de cumplir los cincuenta. Está en una fase muy productiva de su vida. En política lo importante es la coherencia. Hay gente que le quiere retirar antes de tiempo, igual que a mí (risas).
-¿Qué medidas de apoyo a la consulta defiende EB de cara al otoño?
-Vamos a ver si se puede celebrar o no. Somos escépticos, no queremos engañar a la gente. El Constitucional siempre ha actuado bajo los dictados del Gobierno y del PP y sus dirigentes ya han dicho que no se va a celebrar. En su momento nos juntaremos y pactaremos las medidas. En el plano judicial, agotaremos los recursos internos y luego recurriremos a otras instancias, como el Tribunal Europeo de Derechos Humanos o, por qué no, se podría trasladar una queja a Naciones Unidas.