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20.08.08 -

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Suicido creativo
JOSÉ IBARROLA
S e ha propagado un raro convencimiento, la especie de que el PNV (o sea, el lehendakari, que manda en este y otros asuntos del nacionalismo) mantiene la apuesta de la consulta como una mera estrategia electoralista: para que, cuando la ley y los jueces españoles le impidan hacer su referéndum, el victimismo le sirva para arrastrar votos en las elecciones. Conforme a este argumento, a estas alturas la convocatoria refrendaria se ha diluido como objetivo político y devenido en un simple instrumento para conseguir el fin auténtico, un buen resultado nacionalista en las autonómicas.
Esta interpretación no se sostiene. Sólo ha podido urdirse por el afán de encontrar alguna racionalidad a la política del Gobierno nacionalista vasco. Lo que está sucediendo es tan absurdo que se prefiere imaginar algún indicio de astucia, de lógica, aunque fuera perversa. Se prefiere atribuir este desquiciamiento de la política a una suerte de maquiavelismo. Cuesta admitir que nuestros destinos los dirijan los desatinos.
Es cierto que la realidad resulta increíble: la consulta se asemeja a un suicido político del nacionalismo; constituye un camino que en el mejor de los casos lleva hacia la nada, pero con unos costes brutales, para todos pero también para los nacionalistas; incrementa las tensiones en la sociedad vasca hasta extremos nunca conocidos; el aventurerismo echa por la borda antiguos valores del nacionalismo, como el respeto a la palabra dada y una cierta aura de seriedad; exige la desobediencia civil (las últimas milongas de que la consulta es tan inocente que es no ya constitucional sino casi de obligado cumplimiento no engañan a nadie y son una puerilidad); se produce tras convocatorias electorales en las que los votantes han ido abandonando al soberanismo, probablemente por su radicalidad monomaníaca; tiene una relación con la cuestión terrorista que mejor ni mencionar; todo señala que va a sacar del poder al PNV por vez primera en treinta años.
Efectivamente: resulta increíble que un partido gobernante sostenga este envite desaliñado con tales costes. Sin embargo, eso es lo que hay, si nos atenemos a las gestas y trayectoria del Gobierno vasco. No es una artimaña electoralista, sino un objetivo real. Que sólo le vean sentido el lehendakari y los de su cuerda inmediata es accesorio a este respecto. Llegar a la convocatoria y al referéndum ha sido el único propósito del Gobierno vasco durante estos años, su única razón de ser, por la que ha abandonado ética, derechos humanos y cualquier política que pueda identificarse con el arte de gobernar. ¿Lo van a cambiar ahora por un plato de lentejas autonómicas? ¿Resulta verosímil que a la hora de la verdad, tras haber puesto toda la carne en el asador, lo trasmuten en una maniobra electorera? No van estos regates y floreos con los modos de los mandamases soberanistas, más proclives a embestir a ojos ciegas, a que salga el sol por Antequera y que a la ciudadanía la parta un rayo.
La idea de que están haciendo electoralismo tiene otra falla: ni al magín más optimista del PNV se le ocurriría que tras esta peregrina jugada del referéndum -que ha adquirido un tono cutre y deslavazado- el victimismo soberanista siga siendo rentable en términos electorales. Más bien provocaría que la despedida y cierre del PNV en el Gobierno vasco adquiriese ribetes de esperpento. Seguramente va a suceder así, pero hay que desterrar la idea de que lleguen al desastre merced a un plan premeditado. Aunque quizás practican el suicidio creativo, el afán de inmolarse en aras de la felicidad póstuma o de hacer mutis por el foro de la política y de la historia de una forma pintoresca.
as reiteradas posiciones de los mandos del Gobierno vasco, las actitudes de Egibar (que siempre parece estar en el secreto y tener vara en el entierro), los estruendosos silencios del lehendakari, el texto incoherente de las preguntas, la forma en que nos han llevado al borde del abismo, el plegamiento a la batasunía, las declaraciones echando leña al fuego día tras día... Todo indica que el Gobierno vasco está dispuesto a hacer su consulta el 25 de octubre, incluso si queda judicialmente impedida: sobre todo en ese caso. Para demostrar que el lehendakari es 'lehendakari lehendakari', y no lo que dice el Estatuto por el que existe el cargo. Incluso si lleva a la ilegalidad y al enfrentamiento directo con el Estado.
Se dirá que el Gobierno vasco no sería tan imprudente como para dar tal paso, por el riesgo de ahondar en las escisiones internas de la sociedad vasca. Mal diagnóstico: ésa es una razón más para optar por la consulta, pues en toda la década soberanista no ha hecho sino profundizar en los antagonismos entre nacionalistas y no nacionalistas, ruptura social que seguramente le parece al Gobierno vasco conveniente y no perjudicial, a juzgar por el entusiasmo con que la busca una y otra vez.
¿Hay que suponer, por tanto, que en estas condiciones vidriosas los nacionalistas querrán llevarnos a la consulta, para armarla definitivamente? Pues sí y no. Sí: que tal será el objetivo del Gobierno vasco para rematar la faena (entiéndase literalmente). Y quizás no, si en el PNV queda algún adarme de sentido común para impedirle al lehendakari que les conduzca al cataclismo. Lo que pasa es que, de momento, el lehendakari hace y deshace: se ha llevado por delante al anterior presidente del PNV y ya ha dejado en ridículo al que puso después, cuando lo de que el referéndum llevaría una condena inequívoca a ETA y no fue así. Así que no está claro que resulte el truco de Urkullu de decir que el PNV no desobedecerá leyes ni jueces: puede llegarle después el lehendakari con la rebaja y chitón, a doblar de nuevo, pues cuando uno inclina la cerviz una vez de siervo queda, y ya reclinó. Además, el lehendakari, que calla a gritos, suele estar más cerca de EA que de su partido, y EA no ceja en sus apologías del rupturismo.
Hay otra razón para pensar que el nacionalismo la sostendrá sin enmendarla: la evidencia de que ya es tarde para recomponer la estampa electoral. De perdidos al río, puede ser un buen epitafio político del lehendakari.
Si al final les sobreviene alguna sensatez, quizás los nacionalistas intenten hacer como si todo hubiese sido una jugada electoral. A ver si cuela. Irían a las elecciones en plan víctima, hablando del derecho a ser y del derecho a decidir. con el propósito confeso de obtener el poder no para gobernar, sino para darnos la murga otros cuatro años con la consulta/referéndum. El plan III, el regreso de los zombis.
A Patxi López se las están poniendo como se las ponían a Fernando VII.
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