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Cultura

CRÍTICA MUSICAL

21.08.08 -

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F iel a sus seguidores, la zarzuela ha vuelto a llenar durante tres días, un lugar en la Semana Grande bilbaína que ya viene a ser de obligado cumplimiento. Además, en esta ocasión se ha aprovechado convenientemente la coincidencia de la conmemoración de los veinte años de la muerte del músico y escenificar así una de sus obras más carismáticas, como es 'La del manojo de rosas'. Desde el punto de vista teatral, Humberto Fernández nos ha deparado una escenografía clásica, con un realismo para el que se ha servido de motos, bicicletas y sobre todo de la inestimable colaboración de la coreografía proporcionada por el ballet de Cristina Guadaño. Las entradas en escena y los movimientos de ballet han dado a la escena un auténtico toque de distinción.
Desde el punto de vista de la interpretación canora, la pareja formada por la soprano Rosa Ruiz y el barítono Martínez ha confirmado la entrega y calidad vocal que ya evidenciaron el año anterior. A la soprano le va muy bien el papel, no sólo por su aspecto escénicamente completo, sino por su faceta musical propia para una voz ancha y corpórea como la de Rosa Ruiz. En cuanto al barítono, y a pesar de completar una actuación sin fisuras y con voz recia, tal vez esa misma voz, tan generosa, cunda más en obras más dramáticas.
Cabe decir sin temor que siempre que actúe Aurora Frías en una obra, es casi inexorable que lo haga con distinción y como ya viene siendo habitual que se le acompañe artísticamente con Carlos Crooke, pues la pareja es la ideal para este tipo de cantantes-actores característicos. Cumplió bien el tenor Carlos Moreno en un papel que no siempre es favorable al público, mostrando seguridad en el recitado y también en el canto, aunque en este apartado habría que decir que el pinganillo que aumentaba las voces venía bien para el fraseo, pero no para el canto. El maestro Irastorza, conocedor de las voces, las acompañó debidamente y se le vio contento en lo alto del atril de la Orquesta Sinfónica de la Zarzuela.
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