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Sociedad

21.08.08 -

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Una llamada telefónica para avisar del retraso. Una breve conversación es la última comunicación que, por ahora, tienen unos abuelos con su nieto Marcos Hernández, grancanario de 22 años que viajaba junto a su novia en el vuelo siniestrado. «Dijo que llegarían más tarde porque el avión había tenido problemas, había dado un giro en la pista y estaban esperando a ver si les cambiaban a otro», relató Consuelo Cabrera, abuela de Marcos. Desde aquella llamada, ayer a mediodía, no tiene noticias -al cierre de esta edición se desconocía si el joven figuraba entre las víctimas mortales-. Esa misma angustiosa incertidumbre vivió durante unas horas Fernanda. Su hermana gemela era otra de las pasajeras y también la había llamado antes del despegue para avisarla de que se retrasaría. Eso pensó «al ver que se encendía una luz roja en el aparato», le contó. Poco después Fernanda encontró a su hermana entre los heridos en el hospital Ramón y Cajal de Madrid. La mujer, trabajadora del Samur, sufrió múltiples abrasiones y fractura de costilla y pierna y fue operada por la tarde. Viajaba con su marido, también herido, y su cuñada, de la que se desconoce el paradero.
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