En 2011, más de treinta años después de que hiciese su última colada, el horno de calcinación Apold Fleiser de Ortuella volverá a albergar vida. El Ayuntamiento confía en iniciar dentro de un año la ansiada rehabilitación de la antigua fundición, que volverá a abrir sus puertas con nuevos fines. A los proyectos ya conocidos de habilitar en su interior una exposición sobre la minería y una sala para cursos de formación y reuniones, el diseño definitivo ha apostado por incluir un moderno restaurante.
El establecimiento hostelero se ubicará en la segunda planta de 400 metros cuadrados de superficie, y compartirá espacio con una exposición permanente de hornos antiguos. Según explicó el alcalde en funciones, Txemi Tejedor, su capacidad quedará determinada por el proyecto de ejecución, aunque lo que sí pudo avanzar es que su actividad se orientará a los trabajadores del polígono Granada.
Además, el restaurante también dará servicio a los vecinos del municipio, que podrán acceder directamente desde el barrio de Golífar. El proyecto contempla construir una pasarela peatonal de ocho metros de longitud que una la carretera con la parte alta del antiguo horno. Este acceso tendrá una anchura suficiente para dotar al comedor de una terraza exterior parcialmente cubierta.
El primer piso de la construcción acogerá un vestíbulo y una sala de usos múltiples con una cabina de proyección orientada a las actividades empresariales del polígono. Según declaró Tejedor, «en su interior podrán celebrarse desde reuniones hasta cursillos de formación». En la planta baja se ubicará la recepción y un mini-museo minero a modo de exposición temporal. «Se trata de una oportunidad única de reflotar nuestra tradición minera, que ha caído un poco en el olvido», aseguró el edil.
Talleres culturales
El proyecto, además, no sólo incide en el edificio, sino también en los 2.300 metros cuadrados de terreno adyacente. «Construiremos nuevas aulas que serán destinadas a talleres y actividades culturales», desveló Tejedor.
La idea de reflotar el horno lleva varios años en la agenda del Ayuntamiento. Sobre todo después de que el Gobierno vasco lo declarara monumento cultural en febrero de este año. En cualquier caso, los responsables municipales ya habían alcanzado en septiembre de 2007 un acuerdo con Sprilur para hacer viable su rehabilitación. Esta sociedad pública aportará el millón de euros que costarán las obras a cambio de que el Consistorio le ceda los aprovechamientos urbanísticos en el futuro polígono industrial Ballonti.