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28.08.08 -

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«Hillary me ha perdonado, él aún no», admite el 'traidor' Richardson
Richardson posa para una fotografía junto a una veterana delegada demócrata./ AP
Sonaba música cubana y volaban los mojitos en el Rumba Room de la calle Larimer, mientras Bill Richardson, un corpulento gigantón con acento mexicano, repartía besos y apretones de mano entre quienes se pegaban por saludar al gobernador de Nuevo México que todo el mundo ve ya de vuelta en la Casa Blanca. «¿Será el secretario de Estado de Obama?», disparamos cuatro periodistas españoles que a duras penas nos abríamos paso entre el barullo de la fiesta diurna. «Huy, falta mucho para pensar en eso», respondía el gobernador de 61 años con una sonrisa bonachona.
Le preguntamos por las inversiones españolas en energía renovables que intentó arrastrar hasta Nuevo México durante una visita reciente a nuestro país, pero cuando oye la palabra «España» se olvida de la pregunta, embriagado como está por el ambiente festivo del bar. «¡Qué viva España, viva Zapatero, y viva Villaviciosa, en Asturias, de donde es originaria mi familia», proclama animadamente.
Richardson es el único hispano al que Barack Obama consideró seriamente para vicepresidente. Su nombre sonó poco en la quiniela de los medios, pero el propio candidato demócrata le aseguró personalmente que estaba en la lista de los considerados. Obama le había preguntado si estaba dispuesto a someterse al riguroso escrutinio de selección que requeriría entregar miles de documentos personales y prácticamente desnudarse ante el comité de selección que encabezaba Caroline Kennedy. Después de consultarlo con su esposa Barbara aceptó el reto.
Meses antes, Richardson, que también había aspirado a la candidatura demócrata sin alcanzar más del 2% de los votos, había sorprendido a todos al subirse públicamente al carro de Obama con una cariñosa declaración de apoyo. Los Clinton estallaron en cólera. Bill le llamó Judas. Había sido su secretario de Energía, su embajador en la ONU, negociador internacional, vio en su casa la final de la Superbowl y le cortejó activamente para que apoyara la candidatura de su esposa.
-¿Le han perdonado ya los Clinton su supuesta traición?
-¡Hillary sí, pero él todavía no, ja, ja!.
Y eso que los hispanos tendrán un papel fundamental en estas elecciones. No son ya Nueva York y California, tradicionalmente demócratas, o Texas, infaliblemente republicano, o la impredecible Florida, sino Nevada y Colorado los estados bisagra donde Obama necesitará el bloque de latinos para ganar la Casa Blanca. Y Colorado no ha caído en el marcador demócrata desde 1992, cuando Bill Clinton fue elegido presidente.
Apoyo hispano
-Los hispanos apoyaron a Hillary en las primarias, ¿cree que votarán a Obama en noviembre?
-Sí, la mayoría apoyaron a la senadora por el historial que tienen ella y su marido con la comunidad hispana, pero a medida que conozcan más a Obama les va a gustar.
-¿Qué opina de la designación de Josep Biden como candidato a la vicepresidencia?
-Es una buena elección, sabe mucho de política exterior, y eso es importante.
-¿Era demasiado arriesgado poner a un negro y a un hispano en la misma papeleta electoral?
Richardson arruga la cara, gesticula exageradamente, y luego saca un forzado «Naaa». ¿Habremos traspasado la línea de lo políticamente correcto? No con el campechano Bill Richardson, al que justo ayer le tocó el turno de subirse al escenario de la convención.
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