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Sociedad

TROTAMUNDOS | El Mediterráneo en descapotable
ETAPA 15 : NERJA

En Nerja, donde empiezan la Costa del Sol y los tópicos folclóricos para guiris, el turismo español sigue buscando el espíritu de 'Verano azul'
28.08.08 -
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El viajero tiene una visión al salir de El Ejido con el descapotable azul: unos turistas japoneses. No los ha visto en todo el viaje y los encuentra en un lugar así, lo que son las diferencias culturales. Una amiga extranjera que hizo un curso de español le contó que en su clase había un japonés. Durante un mes no dijo ni palabra. Sólo observaba. También por las noches, cuando salían todos a emborracharse. Por fin, la profesora le pidió un día que dijera algo en español. Y fue y soltó esta frase: «Cada vez que la veo está con uno distinto». Silencio glacial en el aula.
El viajero piensa en estos enigmas mientras conduce y oye a un locutor de la radio que, en vísperas de los Juegos Olímpicos y completamente en serio, pregunta a un español que vive en China: «Bueno, y aparte de los rollitos de primavera, ¿qué hay allí para comer que sea distinto de los restaurantes chinos de Andalucía?». ¡Qué demonios!, se dice el viajero, los andaluces también tienen derecho a mirarse el ombligo como los demás. En realidad, es en Andalucía donde al viajero la gente le parece más distinta. Hablan un idioma realmente diferente, tienen otra sensibilidad y hay una evidente fractura geográfica. Además es una región enorme y, sobre todo, la que más tiempo no ha sido España. Son los que menos tienen que ver con el resto, porque castellanos, vascos, catalanes, se parecen. El viajero concluye que debería darse la independencia a Andalucía, aunque no la hayan pedido, y formar de inmediato España con los demás. Sería una solución.
También a Hollywood esto le pareció otro país. Concretamente, el suyo. En los desiertos de Almería, que el viajero ha ido atravesando, se rodaron decenas de 'westerns'. También 'Patton', 'Lawrence de Arabia' o 'Indiana Jones y la última cruzada'. Cuando España era un país barato y remoto para rodar, como ahora el Este de Europa. Hay atracciones turísticas que viven de ese pasado y uno de sus folletos dice: «Se va a sentir como un héroe del Oeste paseando por los poblados de Texas y México. Seguro que nadie se va a creer que Ud. estuvo solamente en España». Si es que le dan la razón al viajero, es otro país.
A lo largo de la costa el viajero se imbuye en la nueva atmósfera. Al entrar en Granada se acaba la autovía y pasa por los pueblos. Familias extensas y extendidas en la playa, como si fueran a vivir allí, con mesas y neveras. Toldos comunitarios donde se juega a las cartas. En Almuñécar ve una señora con un frasco gigante de aceitunas y banderillas, como en los bares. Corros de caravanas, como las carretas del Oeste cuando atacaban los indios, donde se celebran comilonas con tinto de verano. Gitanas que se bañan vestidas y gitanos que se bañan desnudos. La vida se traslada tal cual a la calle. La gente baja con las sillas a la acera para charlar con los vecinos. Es todo un poco más desastrado y anárquico. Detrás de la playa de Salobreña ve unas ruinas con cabras. En los chiringuitos se espera más por la paella. También son más simpáticos.
Vacaciones felices
El viajero sigue camino con el Peugeot 207 y percibe menos barbaridades en la costa, aunque en Almuñécar reaparecen las grúas. Nota también la diferencia de la radio local. Es 'sociata', que se mete con la Iglesia y habla mucho de Lorca. Para el viajero es nuevo, porque siempre ha vivido en regiones de derechas. Luego sigue viajando con la imaginación gracias a Radio Clásica: «Hoy dedicamos el programa al cimbalón y la trompa alpina». Qué maravilla que existan todavía locuras así. De este modo descubre que el cimbalón es el instrumento nacional de Hungría. Se sabe poco de Hungría, hay ahí un vacío. Así empiezan las incomprensiones. Luego, en un espacio de mascotas, un oyente cuenta su angustia porque no consigue socializar a su yorkshire. Que no se lo digan al viajero, socializar es muy difícil. Siendo yorkshire debe de ser todavía peor.
Con estas tonterías en la cabeza el viajero entra en la Costa del Sol. Acaba de llegar a Nerja. Es parada obligada, porque no se puede ir a la Costa del Sol de golpe, sin aclimatarse, y porque en Nerja se rodó 'Verano azul'. ¿Por qué llamarían así a la serie? Es inexplicable, como la sangre azul y el pescado azul. O lo del descapotable azul, es decir, que se lo hayan dejado al viajero. Para recordar las vacaciones felices los americanos tienen a los Beach Boys y los españoles, 'Verano azul'. No sólo es eterno por las reposiciones, es que retrató una época, la del veraneo. De pequeño el viajero, que era de verano infinito de piscina en el interior, observaba cómo de repente empezaban a desaparecer los amigos. Él imaginaba que estarían jugando juntos para siempre, o al menos el verano, pero un día anunciaban que se iban quince días a Fuengirola, a Benalmádena y sitios así, nombres muy exóticos.
Nerja, para ser parte del corazón ibérico, es muy guiri. En los bares al viajero le hablan directamente en inglés. «Ah, perdone, es que aquí son el 80% ingleses, franceses y alemanes», le explica un camarero. Por esa razón se observan brotes de degeneración hortera. Andalucía es la España que más se ha caricaturizado. En las postales hay tías en pelotas en la playa, otra despatarrada en una paella, trajes de faralaes, toros de Osborne. Una nueva serie podría ser 'Topicazo azul'. Se combina con restaurantes italianos, indios y las inevitables tabernas irlandesas con felpuditos en la barra. Sin embargo, Nerja, con sus calas y rincones, es bonito, de lo más potable de la costa. El paseo y el mirador Balcón de Europa son su símbolo. El viajero coge el hotel al lado y sale a dar una vuelta al atardecer. El crepúsculo es un momento mágico, por su capacidad de congregar a los seres humanos y hacerles estar calladitos. El amanecer es peor, lo han puesto demasiado pronto. En el Balcón de Europa hay un gran ambiente popular. Niños, helados, ancianos, gatos. Las familias de los veranos azules de hoy, parecidos a su manera a los de entonces. Nuevos chavales siguen viviendo vacaciones únicas, de ligue y aventuras, que recordarán toda la vida. Es el primer sitio donde el viajero ve los antiguos catalejos de moneda. Valen un euro. ¿Alguien habría pagado antes 166 pesetas por echar un vistazo? Cómo nos han camelado, se dice el viajero.
Series de la infancia
El viajero reconoce el lugar de las imágenes aéreas de 'Verano azul'. Qué entrañables las series estivales: 'El Coche Fantástico' («¡Kitt, te necesito!»), 'La Conquista del Oeste' (con el mítico Zebulon Macahan), 'El superhéroe americano' («¡Bill Maxwell, FBI, se os va a caer el pelo!»),... Cada verano el viajero y sus hermanos se sentaban ante la tele después de comer a ver qué echaban. Pero un año a alguien se le cruzó un cable e impusieron... ¡'Cristal'! El viajero recuerda que con el primer capítulo de aquel primer culebrón se fueron levantando en silencio fúnebre hasta que el último apagó la tele. No entendían a los adultos. El viajero identifica nítidamente ese día como el primero en que le intentaron colar la basura como algo normal. Era sólo el principio: fue un éxito. El siguiente paso, más perverso, fue hacer pasar por lujo lo normal, para cobrarlo más caro, como el zumo de naranja. Y así, hasta hoy, con la comida de los aviones. Siguen perfeccionando el mecanismo. Cómo nos han ido engañado, reflexiona el viajero.
De todos modos, como ya se habrá sospechado, el criterio del viajero no es fiable. Cuando vio el famoso peinado de Beckham se partió de risa. Al día siguiente topó con un tipo con los pelos así y empezó a preocuparse. Al mes, todos los futbolistas y rockeros iban igual. Ahora en Nerja esquiva a chavales, pequeños proyectos de garrulos, con crestas a lo Beckham y mechas. Bueno, a él en su día se lo cortaban a lo 'beatle' en plan tazón. En cambio, disfruta contemplando a esos tipos que sólo se ven en España, con el pelo engominado hacia atrás y ricitos cojoneros en la nuca. El viajero saluda luego a señoras gordas y solares en una noche fresca y perfumada. Se está muy a gusto.
El barco de Chanquete
Al día siguiente el viajero se levanta con ilusión. Va a ir en busca del rastro de 'Verano azul'. Empieza por la calle Antonio Ferrandis 'Chanquete', que ha visto en un plano. Al llegar encuentra nada menos que el barco de Chanquete. Menos mal que no lo iban a mover: está en medio de un terreno levantado, al lado de un aparcamiento y rodeado de cascotes y andamios. Llega un tipo con camiseta roja de tirantes y una lata de Cruzcampo en la mano. Telefonea rápidamente: «¿A que no sabes dónde estoy? ¡Delante del barco de Chanquete! ¡Pero ni hay huerta ni nada, han construido todo!». Hoy todo se comunica y se fotografía para olvidarlo inmediatamente. El viajero le pregunta a un guardia si es el auténtico barco. Menea la cabeza con aires de entendido: «No, es una réplica. Es que en el cine, cuando acaban una escena, luego lo tiran todo. Pero lo pedía la juventud, los turistas, y hubo que ponerlo». Sobre la pésima ubicación le explica que están en obras. Cómo lo han dejado, se queja el viajero.
El viajero analiza el sentido profundo del barco de Chanquete. Como se sabe, el viejo marino se negaba a vender su terreno a unos constructores y los chicos salieron en su ayuda. El viajero no recuerda los ochenta como un periodo muy rebelde, pero se da cuenta de que ahora una panda de chavales cantando en una serie contra la especulación inmobiliaria resultaría totalmente subversivo. Si se rodara hoy, quizá Pancho y compañía perderían el culo por ser famosos en Operación Triunfo. Además llegarían viajados, habrían estado por Europa de Erasmus. El barco de Chanquete, símbolo de los ideales contra el ladrillo, ha terminado en una obra polvorienta. Cómo nos han adocenado, lamenta el viajero.
Otra cosa impensable en la actualidad es que en 'Verano azul' no había tía buena. Se supone que era Bea, una sosa. Luego sólo estaba Desi, la amiga con gafas. A algunos amigos desesperados del viajero hasta les gustaba Julia, la pintora. Así tenían a la generación del viajero, a pan y agua. Las chicas podían elegir entre Pancho o Javi e incluso Quique. Si la serie fuera hoy seguro que habría una descompensación hacia el lado femenino y estarían todas como un camión. Cómo hemos mejorado, se alegra el viajero.
Paisajes familiares
Al lado del barco hay un parque. Le han puesto nombres de la serie. Calle Piraña, calle Tito,... Una vecina le cuenta que Tito, que era del pueblo, sigue viviendo allí. Trabaja en un hotel y todavía le paran por la calle. En el parque el viajero ve un coche con matrícula antigua, de Málaga. Qué divertido era antes, cuando uno veía lejos de casa un coche de su pueblo. La gente se pitaba y todo para saludarse. Hacía compañía. También servía para reconocer a los demás: «Mira, unos de Soria, pues sí que están lejos». Ahora somos todos números, más anónimos. En cambio son los coches, que antes eran guarismos -el R12, el 131, el 127-, los que tienen nombre, para dar identidad a las máquinas. Cosas de la publicidad. El coche, tras la construcción, es otro emblema del progreso ibérico. El más tonto del pueblo tenía un Audi. Ahora se hunden las ventas de casas y de coches. Cómo hemos cambiado, cabecea el viajero.
En la oficina de turismo le confirman, con mortal aburrimiento, que muchos turistas españoles preguntan cada día por 'Verano azul'. Ante la insistencia del viajero, que quiere saberlo todo, le indican mecánicamente: el bar de Frasco, la playa, el chiringuito, la huerta de Chanquete,... Así acaba en la puerta del bar 'El Molino', cerrado. Pone 'Bar típico. Flamenco a las 21.30'. En la playa de Burriana pasa por el chiringuito 'Ayo'. Hacen paellas hasta las cinco y se puede repetir. En una colina divisa el lugar del barco de Chanquete, pero no le dice nada. El viajero no se siente satisfecho, no encuentra nada del pasado a lo que agarrarse. De improviso en la radio suena la música de 'Vértigo', uno de esos milagros del azar. El viajero se siente como James Stewart siguiendo a Kim Novak en su coche, como a un fantasma: sube y baja por las cuestas con el descapotable, entre casas blancas, con el mar al fondo. Por un momento hasta le parece estar en San Francisco. El viajero es tonto, ve demasiadas películas. Las series, el cine, como los recuerdos, son mentira, cosas que no existen. Cómo se le ha olvidado.

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