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Vizcaya

29.08.08 -

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C ada cierto tiempo, expertos en el fenómeno de la inmigración y portavoces de ONG nos invitan a mirar a los inmigrantes con otros ojos. Es un llamamiento noble, pero impreciso. Dando por sentado que entendemos lo que quieren decir, no especifican cuáles deben ser los nuevos ojos que tenemos que utilizar. Y hay gente que se está quitando los ojos de andar por casa para sustituirlos por los de un desdentado usurero dickensiano. Con ellos puestos, los inmigrantes dejan de ser semejantes más o menos exóticos para convertirse en una manera fácil de ganar dinero sucio.
Ahora sabemos que una vecina de Bilbao es propietaria de diez pisos en los que hay empadronadas doscientas personas. Desechada la posibilidad de que la mujer alquile sus pisos a familias excepcionalmente numerosas, todo apunta a que lo que hace es algo más siniestro: estabular seres humanos, en concreto seres humanos de origen extranjero. A cambio de una cantidad que oscila entre 150 y 400 euros, los inmigrantes obtienen medio metro cuadrado donde dormir y algo más importante: una dirección donde empadronarse. El detalle del padrón es clave, ya que sólo los individuos empadronados pueden recibir atención sanitaria y acceder a los servicios sociales.
Tras meses de investigación, la Policía Municipal ha elevado el caso a instancias judiciales. Cualquiera pensaría que lo siguiente es que los tribunales sancionen con dureza una conducta reprobable que atenta contra el sentido común y la dignidad de las personas. El problema estriba en que el fenómeno de los pisos patera ha pillado al ordenamiento jurídico medio dormido y en fuera de juego. La Constitución garantiza la inviolabilidad del domicilio y el Código Penal no aclara si existe o no delito en la sobreocupación de inmuebles.
Hay quien piensa que el empeño de jueces y fiscales puede conseguir que estos casos lleguen a la vía penal. Algo es algo, pero no parece cosa de confiarlo todo al estado de ánimo de los señores togados. Mejor será acometer las reformas que permitan perseguir eficazmente estos pisos siniestros: balsas de la medusa que flotan sobre una ondulante nebulosa legal.
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