El Gobierno ha decidido poner coto a los 'huertos solares', que han crecido como setas al calor de las jugosas subvenciones otorgadas a las energías renovables. El Ministerio de Industria ultima una nueva regulación que recorta de forma drástica las primas. El sector advierte de que la reforma propuesta es «mortal» para esta industria, pero hay discrepancias internas a la hora de defenderse, hasta el punto de que la patronal se ha dividido. Las trece empresas más potentes, con un peso conjunto del 70%, han fundado la Asociación Empresarial Fotovoltaica (AEF), de cuya junta directiva forma parte José Galíndez, presidente de Solarpack, una firma con sede en Bilbao. En su opinión, la energía solar constituye un «alternativa real» a otras tecnologías más contaminantes y frenar su desarrollo es un grave error.
-Dicen que la unión hace la fuerza, pero justo cuando el Gobierno amenaza con un drástico recorte de las primas, se produce una escisión en la patronal.
-Los que hemos creado la nueva asociación tenemos una visión diferente a la de la patronal ASIF, integrada por pequeños promotores. Nosotros apostamos por la energía solar como industria y defendemos que constituye una alternativa real a otras tecnologías como el petróleo, el gas o la nuclear. No es sólo una forma de dar un toque ecológico a los edificios con la colocación de placas en los tejados. Si se siguen reduciendo los costes mediante economías de escala, estoy convencido de que entre 2012 y 2015 podremos producir electricidad al mismo precio que con otras fuentes. La eólica, por ejemplo, ya puede competir de igual a igual con los ciclos combinados de gas y cubre el 11% de la demanda eléctrica.
-La energía solar apenas atiende el 0,5% de las necesidades y, sin embargo, las primas supondrán este año 800 millones para las arcas del Estado. Son las razones alegadas por el Ministerio de Industria para cerrar el grifo.
-Es cierto que ha habido un crecimiento descontrolado. Con la actual regulación, que contempla una prima de 45 céntimos de euro por kilowatio/hora, a finales del ejercicio 2007 se rebasaron con creces los 400 megavatios (MW) establecidos como objetivo para 2010. Por eso el Gobierno decidió suprimir las actuales tarifas. Estableció un plazo transitorio que expira ahora en septiembre, cuando se supone que entrará en vigor el Real Decreto nuevo.
-¿En qué consiste la propuesta del Gobierno?
-Para empezar, plantea un fuerte recorte de las primas hasta los 29 céntimos para las placas de suelo y los 33 para las de tejado. Pero lo más grave es que quiere limitar a 300 megavatios la potencia a instalar cada año, cuando nuestra industria está preparada para llegar a 800.
Deslocalizaciones
-¿Qué consecuencias puede tener esta reforma?
-Si pones un límite de 300 MW, te cargas el negocio. No habría más remedio que deslocalizar. Y no hay que olvidar que detrás de esta actividad hay una boyante industria manufacturera en la que España se sitúa entre los líderes mundiales, sólo por detrás de Alemania. En la energía solar está ocurriendo como en la eólica, en la que Gamesa se ha convertido en el segundo mayor fabricante de aerogeneradores del mundo. ¡No se puede ahogar uno de los pocos sectores que crean empleo en la actualidad y que ya ha proporcionado 27.000 puestos de trabajo!
-AEF, la nueva asociación de la que es directivo, se ha reunido con el Ministerio de Industria para tratar de llegar a un acuerdo. ¿Qué solución han planteado?
-Nosotros estamos dispuestos a asumir un recorte de las primas, aunque no tan drástico como el propuesto por el Gobierno. Planteamos unas tarifas para 2009 de 35 céntimos para suelo y 39 para tejado y aplicar, además, una reducción progresiva del 7% anual. Pero lo que más nos importa es que no se limite la potencia y que se siga el modelo alemán, líderes del sector, donde lo que existe es una buena planificación. Por ejemplo, se podría establecer que, en caso de que se superen los 800 MW en un año, el recorte de las primas se eleve al 10%.
-¿El Gobierno se ha mostrado receptivo?
-Ahora lo veremos, en septiembre. Al menos hemos dejado claro que nuestro objetivo es dejar de ser una industria subvencionada y llegar a ser competitiva respecto al resto de tecnologías. Pero, como bien sabe Alemania, para dar ese salto hace falta apoyo.